La lupa

Ruido y nueces

Ruido y nueces

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

EL equipo de gobierno municipal cumplió el pasado jueves sus primeros 100 días al frente del Ayuntamiento y la efemérides apenas supera la categoría de anécdota. En otras circunstancias los 100 días constituyen el plazo de gracia que la oposición concede a quienes acceden al gobierno de una institución antes de comenzar a criticar su gestión, como los boxeadores que dedican el primer asalto a estudiar los puntos débiles de su rival como paso previo antes de comenzar a lanzar ataques. Los 100 días son también el plazo que quienes llegan a un gobierno se suelen dar a sí mismos para aterrizar, conocer los pasillos e interioridades y hacerse con los resortes de mando.

La manera en que se produjo el relevo en el Ayuntamiento y los antecedentes de los dos socios del nuevo equipo de gobierno -unos habían estado ocho años al frente de la institución municipal, los otros continuaban tras cambiar de aliados- ya permitía prever que no iba a haber ni 100 días ni 100 horas de margen. Los nuevos responsables no las necesitaban y los grupos que pasaron a la oposición inesperadamente posiblemente tampoco estarían dispuestos a concederlas. El silencio que hubo antes de que comenzaran a llover críticas, algunas de ellas aparentemente inspiradas en cuestiones de los anteriores mandatos de Ángeles Muñoz, como si no hubiese pasado nada en medio y los partidos ahora en la oposición no consideraran necesaria una nueva estrategia, pareció deberse más a la necesidad de acomodarse a la nueva e inesperada situación que a la decisión de conceder el periodo de gracia y cortesía.

Cuando Ángeles Muñoz volvió a sentarse en el sillón de alcaldesa dijo que tenía por delante 18 meses de mandato. En realidad eran 21, pero la regidora consideró que son menos porque sabía que una vez que se convocan las elecciones municipales el equipo de gobierno está impedido de cortar cintas y hacer anuncios. Esta advertencia tenía una doble intención, basada en la convicción de que no le sobraría el tiempo para justificar desde la gestión el paso dado. En primer lugar, porque pretende evitar que el electorado la juzgue, llegado el momento, por un mandato completo cuando sólo habrá tenido menos de dos años. Y en clave interna, para incentivar a su equipo a pisar el acelerador en una situación más incómoda que en los mandatos anteriores, donde no tenían que entenderse con aliados, no estaban obligados a repartirse los recursos, especialmente los humanos, con estos y contaban con más margen para planificar la estrategia. En el PP sabían porque si un mandato municipal se pasa rápido, medio mandato no da margen para mucho.

Algunos miembros del equipo de Ángeles Muñoz aseguraban antes de presentarse la moción de censura algunas voces que era previsible una debacle en un gobierno tripartito que no contaba con mayoría en el pleno y donde la inexperencia en la gestión de algunos de sus miembros producía algunas disfunciones. «Si les presentamos una moción de censura les hacemos un favor», decían apenas semanas antes de que el relevo en el Ayuntamiento se consumara.

¿Ha cambiado el criterio de quienes en el PP pensaban de esa manera? Hay quienes aseguran que parte del paisaje encontrado confirma esa línea de pensamiento. Sin embargo, son más quienes sostienen que no ha habido tiempo de ponerse a pensar en eso, porque Muñoz ha impuesto un ritmo vertiginoso que parece tener un objetivo excluyente: que la calle advierta un cambio radical en la gestión municipal.

En estos 100 primeros días de gobierno se pueden distinguir dos etapas. La primera duró unos días y podría denominarse como la de los golpes de efecto: el plan de choque de limpieza, el cierre del hotel Sisu, largamente demandado por los vecinos, o el anuncio de la apertura de la zona deportiva del Francisco Norte, concretada recientemente. La segunda tuvo menos impacto visual y los ediles la justifican en que han tenido que sumergirse en sus delegaciones para tapar vías de agua y mantener el barco a flote. En esa línea se explican alguna de las explicaciones que se han dado en estas semanas, como los 1.500 reparos del interventor -ante cuya marcha al Ayuntamiento de Málaga algunos ediles no han podido contener la sonrisa-, las facturas sin pagar, el bloqueo urbanístico y la inejecución de gran parte de presupuesto de este año. En esta segunda etapa pueden inscribirse algunas de las acciones posteriores entre las que destacan la aprobación de los presupuestos para que entren en vigor a comienzos del próximo ejercicio, la aprobación del texto refundido del PGOU o la regularización en los pagos a proveedores, que habían acumulado retrasos en los últimos tiempos.

El éxito conseguido al convertir a Marbella en sede de la próxima eliminatoria de la Copa Davis es otro hito del que seguramente el discurso oficial sabrá sacar rédito en lo que queda de mandato si el evento se desarrolla con éxito. En el gobierno municipal no dudan de la importancia que la cita tendrá para la imagen de su gestión. «Nos jugamos mucho», reconocen.

El discurso del gobierno ha incorporado el concepto de 'velocidad de crucero', al que recurre cada lunes el portavoz municipal, Félix Romero, para referirse a la acción ordinaria de gobierno y con el que se transmite el mensaje de que el Ayuntamiento ha recuperado una normalidad que antes no existía. Pese a que al principio intentó evitar las referencias explícitas a sus antecesores, el equipo de gobierno ha acabado cediendo a la tentación y es rara la comparecencia que no se mencione un bloqueo, supuesto o real, que los nuevos gestores se han visto obligados a desatascar.

El problema es que algunas de estas referencias acaban implicando al área de Hacienda, donde no ha habido recambio porque está a cargo del mismo miembro de Opción Sampedreña que la ocupaba antes de la moción de censura. Una inercia en el discurso oficial seguramente dificl de evitar.

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