Entre el ruido y la furia

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Entre el ruido y la furia. Se trata de un verso del soliloquio de 'Macbeth', acto 5.º, escena 5.ª, dice así: «La historia es la sombra de un pobre país/ Que ocupa su hora en el escenario/ Y luego se desvanece: es un cuento/ narrado por un idiota, repleto de ruido y furia/ Que no significa nada»; Shakespeare ahonda en la llaga de la crisis isabelina, es el final de un ciclo, la Reina Virgen permanecerá como un árbol seco. 'Entre el ruido y la furia' también se tituló la cuarta novela de Faulkner, 'The sound and the fury', cuya primera versión al español fue literal: 'El sonido y la furia'; debe añadirse una tercera variable, 'La música y el ruido', que es la más alejada de la idea central, tanto del dramaturgo inglés como del novelista americano. Ambos constatan, con cuatro siglos de diferencia, que la historia del mundo está contada por idiotas. Precisamente el ensayo de Tom Burns Marañón, 'Entre el ruido y la furia' (Galaxia Gutenberg), lleva un subtítulo en el que no caben interpretaciones: «El fracaso del bipartidismo en España», consumación del ciclo político español nacido tras la muerte de Franco y la subsiguiente instauración-restauración de una monarquía que recupera su vínculo sagrado con la Historia pero que no puede asumir más responsabilidades.

Tom Burns Marañón se sumó el martes pasado a la lista de invitados al ciclo 'El mundo en llamas' que ha traído hasta la fecha a una nómina nada desdeñable: Carlos Malamud, Elvira Roca, Justo Navarro, Ignacio Gómez de Liaño, Juan Pablo Fusi, Santos Juliá, Eva Díaz o Estrella de Diego, entre otros. El martes Burns Marañón expuso en La Térmica, con una sala medio llena, a pesar del inclemente temporal, las razones que le han movido a publicar una reflexión sobre la crisis institucional y constitucional en el que este país está sumido. No se sabe si la Historia se repite o no. Un tal Carlos Marx afirmaba que la Historia se repite primero como una farsa (se refería a Bonaparte), después con una tragedia (se refería a su sobrino nieto Napoleón III al que ayudó a dar el golpe del 48); quizá los acontecimientos se intercambien como un bucle borgiano, aritmético, fatídico, rotundo. Tom Burns se remontó al sistema inventado por nuestro Cánovas del Castillo (1874-1931), la Restauración borbónica, la Constitución del 76, el turnismo de los partidos dinásticos, el fraude representativo. La conferencia de Ortega, en el Teatro de la Comedia (1914), en la que finiquita a los políticos caducos, con bigote y chistera, es reveladora para Burns; Ortega critica aquel régimen que fue barrido por Primo de Rivera, a su vez destronado el rey que lo tuteló, el advenimiento de la fallida utopía de la II República y la sanguinaria guerra incivil. A ninguno de los presentes se nos olvidará la frase: una vez que se hunde la centralidad, se hunde el motor que sustenta el bipartidismo. Por eso esperamos que la conclusión de este segundo periodo, ya han transcurrido otros cuarenta años, no imite al primero, es decir, no vayamos a terminar, otra vez, entre el ruido y la furia.

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