Ruido

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

Resulta llamativa la facilidad con la que últimamente se le van los asuntos de las manos a De la Torre y a su equipo de gobierno. No ha quedado precisamente bien retratado el concejal Raúl Jiménez cuando ha declarado que no les quedaba otra salida que «cumplir la ley» al imponerle sendas multas de 12.000 euros a dos colegios, que fueron denunciados por el ruido que producían los equipos de baloncesto base que entrenaban en sus instalaciones. Y no sale bien parado el edil por varios motivos. En primer lugar, porque sorprende esa contundencia cuando la propia Delegación Provincial de Educación había presentado alegaciones al expediente sancionador y, sobre todo, porque la comunidad de vecinos de la que partió la denuncia al Félix Revello de Toro, uno de los colegios afectados, la había retirado hace unos meses.

En segundo lugar, porque hay en marcha una negociación entre las dos administraciones implicadas (Junta y Ayuntamiento) para tratar de dar solución global a una necesidad: que los niños puedan aprender los fundamentos de una disciplina tan asentada en Málaga como el baloncesto y que todo eso sea compatible con sus horarios escolares, en síntesis: facilitar la formación integral de los pequeños en los valores del deporte y en una vida sana al tiempo que avanzan en sus estudios. No es muy convincente el concejal Jiménez cuando esgrime que ese convenio no puede pasar por encima de las denuncias anteriores. «Lo que se hizo no puede quedar impune». Dicho así, parece que lo que ocurre en estos patios de colegio es una matanza y no un grupo de chavales jugando al 'basket'.

Y luego, claro, omite el concejal la cuestión de fondo de todo esto: los colegios prestan sus instalaciones a los equipos deportivos porque la ciudad no cuenta con pistas municipales suficientes para que los clubes puedan desarrollar sus proyectos. Hubo un tiempo en el que aquí se hicieron campos de césped artificial en cada esquina de la capital. En Málaga asistíamos cada semana a una inauguración en alguno de los clubes de barrio. Luego vino la crisis, y la inversión en deportes se esfumó entre los últimos epígrafes de los presupuestos municipales. Málaga se adhirió entonces al modelo de concesiones privadas a cambio de un canon y unas cuantas horas a precios populares. Y ahí están consecuencias como el fiasco de la piscina de Puerto de la Torre o el 'caso Inacua', ya saben: Ferrovial pidiendo una rebaja del peaje anual para hacer rentable el mantenimiento del centro acuático.

Tampoco hay que descartar que estemos ante ese clásico popular del enfrentamiento Junta-Ayuntamiento a propósito del mantenimiento de los colegios, que data de tiempos de Ana Rico y Juan Alcaraz. Sea lo que sea, al final, el concejal de turno tratará de salvar su pellejo y de que su carrera política quede indemne. Y los únicos perjudicados de todo este ruido, el de las canchas y el que emana del postureo, son unos chiquillos a los que se les priva de hacer deporte.

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