Rufián se trae algo entre manos

FRANCISCO APAOLAZA

Rufián se trae algo entre manos, da igual cuándo lea esto. Este miércoles muestra unas esposas. Siempre acarrea con algo, la enseña y entonces rufianea. Rufianear es decir cosas para escandalizar y desplegar la oratoria con el deje autosuficiente del que se sabe amado. Habla ahora de la represión tardofranquista del Estado el 1-0 y de los mil heridos, que son el triple de los que hacían cada día en la batalla del Ebro. Declama en la tribuna con swing suntuoso, seguro de sí mismo, como si viviera en ese instante de inflexión en el que las películas porno abandonan el argumento vestido y comienza el 'vamonós'. De pronto las esposas y asegura que le gustaría ver a M. Rajoy con ellas puestas. Si la política no hubiera dinamitado las fronteras entre los géneros cinematográficos, en ese momento sus señorías tendrían que comenzar a quitarse la ropa.

Rufián, subproducto intenso de la política de 'peepshow'. No sé qué cara se le quedaría cuando después de declarar la DUI, en lugar de construir un país y tomar la tierra con sus manos, el pueblo de Cataluña se tomó una cerveza más de las que vende el latero de Sant Jaume y se fue a casa. Puigdemont, al que ahora Rufián y los suyos consideran políticamente menos que la sombra de su perro, en lugar de levantar el teléfono rojo y anunciar el nacimiento de una nueva patria, se echó a soñar con la victoria del Girona ante el Madrid. A soñar en la cama.

Rufián representa toda esa vanguardia secesionista 'early adopter', una suerte de generación desengaño. La patria catalana como casa de Kurtz en 'Apocalypse Now'. Están a punto de asomar por encima de las empalizadas clavadas sobre lanzas las primeras cabezas cortadas. En Estremera se ha presentado el invierno de súbito, como si alguien hubiera abierto una ventana de la galería norte.

O todo este hundimiento responde a una estrategia política y veremos en qué remata -que es lo más probable- o bien alguien se pasó de frenada. Cuesta imaginar no ya cómo explicarán la DUI a los catalanes, sino cómo se la explicarán a ellos mismos. Hasta Rufián, para el que el largo plazo es la cola de reproducción de Youtube, prometió que en 18 meses abandonaría la cámara para regresar a la República Catalana. En junio se le acabó el plazo.

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