Ronda

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Es una de las ciudades más visitadas de España (aparece en lugar destacado en todos los rankings), pero llegar a ella entraña una dificultad ignota para los menos avezados en la provincia. Con uno de los monumentos más conocidos del mundo, pero acercarse a verlo es correr un riesgo innecesario. Ronda está en pie de guerra por las carencias que le afectan por una situación histórica -y mira que tiene siglos este paraje monumental- que el paso de los años no ha paliado. Empezando por la falta de una autovía que le permita conectarse con el exterior de una forma ciertamente rutinaria. Con el Tajo como emblema universal, las carreteras de la Serranía, como se ha comentado alguna que otra vez en este rincón de protesta cuando viene al caso como ahora, dejan mucho que desear. Por la Costa del Sol, la conexión es a través de la sinuosa y siniestra en invierno carretera de San Pedro, con curvas por doquier y tramos complicados; por el Guadalhorce, con una autovía durante los primeros veintitantos kilómetros y luego se adentra por Carratraca y Ardales con un firme desvencijado por mor de la crisis y la falta de dinero; y si contamos esa línea que atraviesa El Burgo, Yunquera y Casarabonela es para echarse a llorar. Se mire por donde se mire es un triángulo peligroso cuyos vértices solo conducen a la intranquilidad. No se trata de asustar a nadie, sino de contar una realidad.

Ronda demanda una autovía ya, y los vecinos han tenido la ocurrencia de aprovechar el vídeo independentista catalán para imitarlo con la intención de tener más visibilidad, con una frase de las que se marcan a fuego en el alma de los serranos y de todos los malagueños: «Nosotros ya estamos independizados (tómese como sinónimo de aislados) sin quererlo por culpa de nuestras carreteras construidas durante el franquismo. Queremos una autovía para conectarnos al mundo globalizado, sumarnos al progreso y, también, dejar de perder amigos en las cunetas» (por culpa de los numerosos accidentes de tráfico). El final es demoledor sentimentalmente hablando, ahí están las estadísticas, y aunque la expresión pueda pecar de cierta exageración, la realidad es más poderosa que la ficción.

Ronda necesita una vía hacia la modernidad, y tiene que ser por carretera, pero por una buena carretera, pues el AVE previsto en su día duerme en el limbo de algún ministerio. Ojalá nunca llegue el día que alguien diga: «¡Vámonos de Ronda!»

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