Riqueza

Sinécdoque

SORA SANS

La lengua es cultura y la cultura es riqueza. La diversidad es complicada y también es riqueza. Son riquezas mucho más profundas y sustanciales que esa otra riqueza que se mide en unidades monetarias. En España hemos conseguido que muchas culturas y lenguas diferentes puedan convivir (de una forma compleja y puntualmente conflictiva), pero lo hemos conseguido. Una riqueza sorprendente con costumbres, gastronomías, estilos de vida y personalidades que permiten que viajar por nuestro país sea emocionante. Hemos conseguido que todas esas culturas convivan con una igualdad sin que se diluyan entre sí, manteniendo su alma, su heterogeneidad, su riqueza. Si el estado hubiese decidido rechazar las lenguas, las costumbres, convertir las culturas en algo homogéneo y nacional, entendería que existiese una necesidad imperiosa de escapar para preservar aquello que nos hace únicos a cada grupo cultural: los andaluces, los catalanes, los vascos, los canarios… Pero la riqueza sigue existiendo culturalmente hablando, lo hemos conseguido, sí. Entonces, quizás, la necesidad de separación viene dada por otros motivos, por otras riquezas: ¿el dinero? ¿el poder? Son motivos tristes, cuando menos. Motivos que empobrecen a nivel humano. Pienso en el ‘divide y vencerás’ como en algo que lleva implícito un conflicto, una batalla, una guerra. Pienso en que ‘la unión hace la fuerza’ y no encuentro conflictos ahí, solo fortalezas, posibilidades. La lengua es sabia, la cultura es sabia. Pero vivimos tiempos extraños en los que nos parece que existe un gran progreso y, sin embargo, como anunciaba Chomsky, «vivimos en tiempos de destrucción», tiempos en los que estamos perdiendo lenguas, culturas, personalidades, riqueza. Si en España lo hemos conseguido, si hemos logrado no perderlo, ¿por qué arriesgar nuestras fortalezas a cambio de unas monedas? O quizás estos pensamientos no son más que una pequeña pesadilla infantil, ¡que viene el hombre del saco!, y al despertar, la avaricia rompa el saco y veamos por fin al hombre y sus motivos reales. Y quizás, al despertar, abramos los ojos y contemplemos claramente la diferencia entre riqueza y riqueza.

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