'Revolución' Málaga

LA ROTONDA

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Han vuelto las enormes colas de tráfico a nuestras carreteras. Esto, que parece una tragedia, casi se convierte en una alegría porque, mal que nos pese por el coñazo que significa, la crisis, que nos pegó una cornada de esas que tardan mucho tiempo en curarse, nos dejó hasta casi sin coches en las calles, y ahora que tenemos más kilómetros de autovías que nunca, las caravanas han vuelto a aparecer. Obviamente no estamos en la época de la N-340 con un tortuoso carril por cada sentido, pero es cierto que ir o volver a las playas se está convirtiendo otra vez en un 'pequeño' sufrimiento, y digo 'pequeño' porque incluso los que nos vemos atrapados en mitad de esas caravanas nos sentimos casi como aliviados. Curiosa cosa ésta, que pocos despotricamos de las caravanas, porque hemos visto tan poco tráfico por nuestras rondas por culpa de la maldita crisis que ahora ver de nuevo a miles de coches embotellados casi supone un respiro y un alivio. Así y todo, lo raro es que Tráfico no tenga nada previsto. Antes de que llegara la 'no crisis' (loor y gloria a Zapatero, que se cabreaba cuando se utilizaba la palabra maldita) las medidas para aliviar esas caravanas, a pesar de que ya teníamos rondas y autovías, solían ser eficaces, pero tras dejarlas aparcadas (curioso, ¡eh!) porque ya no hacían falta, nos encontramos que ahora, que vuelven los atascos, nadie tiene una solución 'casera' para al menos paliarlos. ¿Por qué no carriles reversibles? Eso de verte parado media hora en una cola y ver cómo en sentido contrario no pasa ni siquiera un despistado cabrea al personal. Utilizar esas medidas 'parciales', esos 'parches', no son mala cosa, ni mucho menos. Pero nos hemos acostumbrado a no tener problemas en las carreteras y ahora que retornan, miramos al sol, sin vacilar ni reaccionar.

Me hace gracia (Lillo dixit) cuando recuerdo a los gurús que afirmaban tan campantes que no nos hacía falta la hiper-ronda, o si la autopista era una 'boutade'... y ahora vemos que lo que no era normal era la ruina que teníamos encima. Dicen los que entienden de esto que nos quedan al menos 10 de años de bonanza económica, mal que les pese a algunos, por lo que habrá que ir arbitrando soluciones, aunque sean chapuceras, porque la gente tiene mala memoria, y lo que ahora suena casi a triunfo («¡otra vez colas, qué alegría, que la crisis hasta nos quitó las caravanas!») se convertirá en un par de fines de semanas más en un sórdido (o no) cabreo que el contribuyente-votante no está dispuesto a 'olvidar'. O sea, que más le vale a más de uno buscar soluciones aunque sea para intentar preservar su continuidad en el cargo, que la gente no quiere jugar con las cosas del comer. No es un decir, es una realidad. Alguien muy puesto en el turismo avisa que este agosto, en Málaga, no vamos a caber. Para empezar ya no hay ni un puñetero piso para alquilar, ni siquiera en barriadas donde antes sobraban por un tubo, y eso te da una idea de la 'Revolución Málaga', que es como un viejo compañero quiere titular su tesis doctoral para analizar el fenómeno de lo que está ocurriendo en esta tierra nuestra en los últimos tres lustros. Por cierto, no dudo que el paro que se dice que hay es el que es, pero la verdad es que cuesta trabajo creerlo. O aquí hay mucho 'por debajo' o todos absolutamente todos los que llenan nuestras calles son de fuera. No hay otra explicación. Así de sencillo.

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