Resaca de poder

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Que el poder emborracha tanto como una mala ginebra ya lo sabíamos. En Torremolinos sufren ahora la resaca de un mandato personalista y arrollador, prolongado más de lo que hubiera sido deseable para el progreso de la ciudad, de cualquier ciudad en realidad. Hubo un tiempo en que casi nadie se atrevía ni siquiera a toser delante de Pedro Fernández Montes, pero desde que el Partido Popular perdió la mayoría absoluta, hace ya más de dos años, se ha detectado una oleada de resfriados con carácter retroactivo cuyos pacientes parecen dispuestos no solo a expectorar, sino a lanzar todos los virus acumulados en silencio durante lustros. A buenas horas. Quienes ayer sostuvieron aquella torre de Babel sobre la que don Pedro, como lo llamaban, llegó a creerse dueño de Torremolinos reclaman hoy su dimisión pero pasan por alto su propia responsabilidad como cómplices necesarios del atropello ejercido durante años contra la oposición, los medios de comunicación y cualquiera que no rindiera pleitesía al ya exalcalde.

Lo que ocurre estos días en Torremolinos no es más que una nueva evidencia de la necesidad de aferrarse al sillón que arrastran muchos cargos públicos, bien sea porque no tienen una profesión a la que volver y necesitan un salario mensual que llevar a casa o bien porque han desarrollado una peligrosa adicción al poder y su acolchonada burbuja. Nada más alejado del sentido platónico de la política y su ideal vocación de servicio público, desde luego. Resulta habitual que en los partidos se produzcan seísmos cuando se acercan tiempos de reestructuraciones internas y elecciones, pero la crisis que desde hace meses sacude al PP de Torremolinos cuenta con el agravante de presenciar la incapacidad de un líder, porque pese a todo y sobre todo Fernández Montes fue un líder incuestionable, de admitir que su momento ya ha pasado.

La dirección provincial del partido está encerrada en un callejón de difícil salida. Si convoca un congreso para elegir a la nueva ejecutiva del PP en Torremolinos, se dará de bruces con el inquebrantable control que Fernández Montes ejerce sobre los afiliados. Si no lo convoca, la sangría de votos derivada del descontento entre las bases y la sombra del dedazo podrían comprometer la posibilidad de recuperar una Alcaldía que parecía hecha a medida. Bajo una disyuntiva similar languideció Torremolinos durante los últimos años de gestión popular, cuando muchos prefirieron mirar hacia otro lado pese a los continuos abusos de poder que ahora, como un temido boomerang lanzado al aire, regresan en dirección contraria.

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