'RÉGIMEN' SANITARIO

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

El problema de fondo de la Sanidad pública andaluza no es tanto de medios, que siempre serán insuficientes, como de organización. Más aún, de acabar con el sistema de nombramiento de los cuadros intermedios, en especial de los jefes de unidades clínicas, que en ocasiones lo son por razones ajenas al mérito y la capacidad y se convierten en sátrapas de sus taifas. Me lo viene diciendo desde hace tiempo un veterano médico amigo, el mayor defensor del sistema público que pueda haber, el que incluso me reñía cada vez que publicábamos críticas del funcionamiento de su hospital porque decía que creaban inseguridad en los pacientes, y eso sí que no. Cuando este verano me lo reencontré en un pasillo de la que fue su planta era aún más duro: «la nueva consejera será una magnífica profesional, una reputada gestora del mejor centro hospitalario de Andalucía, pero el problema es que hay que acabar con el 'régimen' que se ha instalado dentro de los servicios». Hablaba de jefes incapaces, enchufados y nombrados para el cargo por cercanía política o por amiguismo con «Sevilla», que es como decir la Junta, la Consejería, el SAS y los múltiples tentáculos de poder de un monstruo de institución que cuenta con casi diez mil millones de presupuesto y 92.862 trabajadores, según los datos que acabo de consultar.

¿Podrá la nueva consejera, Marina Álvarez, meter en cintura esta disfunción? Es decir, revolucionar las estructuras profundas de los hospitales, revisar esquemas, remover a 'gurús', aclarar las quejas, implantar nuevos criterios, auditar los procesos. Ya hay demasiados testimonios en este sentido, el último ayer mismo en la renuncia de un prestigioso cirujano, y está por comprobar cómo afecta a la atención al paciente. Sin duda muchos profesionales lo sufren en silencio, o se adaptan y no lo llevan a la consulta, pero parece llegada la hora, como en otros ámbitos, de levantar las alfombras, también para despejar posibles tentaciones cainitas.

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