REGALO ENVENENADO

ARTURO REQUE

ESTE año Papa Noel se ha adelantado para muchos jóvenes de Marbella, si bien, no ha llegado desde Laponia sino desde Asia Oriental. Pocos podíamos imaginarnos que junto al rojo de los pascueros estas fiestas se teñirían de amarillo y aún menos de bicicletas (pese a que suele ser un regalo recurrente). El simbolismo de las bicicletas doradas circulando sin parar por toda la ciudad podría entenderse, por los que llevamos tantos años demandándolas, como una especie de Paraíso Terrenal, un sueño hecho realidad, un cuento de Navidad adecuado para las fechas en las que estamos.

Tal vez sea este mismo motivo el que pueda provocar un empacho generalizado, como si se lanzase desde el cielo toneladas del famoso turrón. ¿Cómo acabaríamos la mayoría? Algo así puede estar pasando en los escasos días que llevan las susodichas por nuestras calles, relucientes y ¡gratuitas!

Imagínense estar en la adolescencia, de vacaciones navideñas, con un clima excepcional y nuestros mayores insistiendo en que salgamos de nuestra burbuja digital para tomar el fresco de la calle... Y, ¡oh!, nos cuenta un amigo que hay una novedad como lo fue hace meses el Pokemon Go. Se trata de buscar mediante una aplicación del móvil bicis amarillas repartidas por la ciudad, y cuando la encuentras, la puedes usar cuanto quieras. ¿Alguna condición? Ser mayor de 18 años y devolverla en un lugar habilitado para ello...Pero ¿quién controla esto? De momento 'no body' así que ¡a disfrutar que es Navidad!

Esta introducción pretende reflejar la percepción que un servidor ha tenido en estos primeros días de la implantación del sistema de alquiler de bicicletas OFO. He evitado a conciencia dejarme llevar por la avalancha de ejemplos de vandalismo que invaden las redes sociales, generalmente sacados de otras ciudades con más tiempo de utilización, pero si he de reconocer que el uso se ha desviado de su fin. Si fuese llegar a los más jóvenes podría considerarse logrado, pero entonces se tendría que haber planteado de otra manera, acompañado de mayor control institucional y campañas de seguridad vial, dotándolo de los obligatorios cascos para menores de 16 años y espacios seguros para circular. Pero lo que se ha expuesto en la presentación oficial está relacionado con la movilidad sostenible, con el fomento del uso de la bicicleta como vehículo de transporte urbano, pero cumpliendo unas condiciones mínimas para poder utilizarlas... Bonitas palabras a oídos de quien lleva años con ese mismo fin. Da gusto leer al concejal de Vía Pública reconocer que para el Ayuntamiento la movilidad sostenible es una prioridad (aunque no se haya contactado con los colectivos al uso para consulta, información o simple invitación a la presentación. Cuestión de estilo). Mis compañeros de ByCivic me piden diplomacia y crítica constructiva, aprovechar la declaración pública de nuestros dirigentes para ofrecer, si cabe aún más, nuestra colaboración desinteresada en pro de esa ciudad moderna, amable, eficiente en cuanto a transporte y rica en calidad de vida.

Este regalo envenenado que nos ha llegado como adelanto de Santa Claus está generando tertulias en la calle pero, sobre todo, en las redes sociales, donde es enriquecedor leer opiniones desde todos los puntos de vista ya que se toma conciencia de que hay que pensar en otras formas de movilidad, se debate sobre si la ciudad cuenta con las infraestructuras adecuadas o si se deberían ejecutar de una vez por todas. Se critica la conducta de algunos jóvenes que adoran la libertad que ofrece la bici pero lo convierten en libertinaje, reflejo de un incivismo demasiado generalizado en la sociedad.

En este animado debate, son muchos los likes que se han marcado en los muros de los mandatarios que han compartido la noticia. Quiero pensar que toda esta gente cree de verdad en la integración de la bicicleta entre los modos de transporte de Marbella, sea del color que sea. Sería un magnífico antídoto

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