Rebelión médica

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Los médicos de familia de Málaga se han rebelado cansados de hacer el primo; sienten que el SAS les está tomando el pelo. Para un verano que la Junta de Andalucía se ha rascado el bolsillo y ha destinado más de 25 millones de euros para contratos de sustituciones en la provincia de Málaga, la planificación llevada a cabo ha convertido en malo lo que tendría que haber sido bueno. Ya lo dice el refrán: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Cuando no había dinero, no se contrataba; ahora que lo hay tampoco se contrata o, al menos, no se hace en el grado que permita cubrir todos los huecos de los facultativos que cogen sus vacaciones reglamentarias. El argumento que da el SAS es que no hay médicos de familia disponibles en estos momentos. Esa afirmación es cierta, pero no lo es menos que los gestores deberían haber estado más avispados y haber ofrecido condiciones mejores. A algunos gerentes de la sanidad pública malagueña les han faltado reflejos y han sido más lentos que el caballo del malo a la hora de conseguir que los médicos residentes que acabaron el pasado mes de mayo la especialidad de medicina de familia se quedasen en centros sanitarios malagueños. ¿Y por qué se han ido? Muy sencillo: porque les ofrecieron contratos mejores y se los pusieron por delante mucho antes de que el SAS reaccionase. Es la ley de la oferta y la demanda. Así de simple.

La atención primaria es un pilar básico para el sustento de la sanidad pública y el primer cortafuego del sistema. Los centros de salud juegan un papel determinante, pero en los últimos años vienen sufriendo numerosas carencias que los han situado contra las cuerdas. Para combatir esa situación y hacerse escuchar por la Administración, se ha creado en Málaga el colectivo 'Basta ya', formado por casi 300 médicos de familia. Esos profesionales de la medicina conocen mejor que nadie el paño y no están dispuestos a que los sigan toreando. Ya no tienen ni un pase más. La atención primaria necesita con urgencia un impulso económico decidido. Está muy bien destinar dinero a los hospitales, pero sin que ello suponga dar de lado a los centros de salud y considerarlos como dispositivos de segundo nivel. El SAS, si no quiere que le duela la cabeza más de la cuenta, debe tener en cuenta las justas reivindicaciones de los médicos de familia, que están de sobra capacitados para disponer de mayor autonomía de gestión y deben tener libertad para pedirles a sus pacientes las pruebas complementarias que consideren oportunas.

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