Rebeldes con causa, y canas

La seguridad social es la decisión política de abolir la miseria

PEDRO MORENO BRENES

Ayer 'bajé' al centro (como decimos en Málaga) para manifestarme en apoyo a los pensionistas, que frente a todo pronóstico y antecedentes han logrado poner en la agenda política lo suyo, sus pensiones, tema nada baladí si tenemos en cuenta que son sus rentas de sustitución al dejar la vida laboral activa. Las calles de España se llenarán de viejos, mayores, tercera edad, veteranos (cualquier término me sirve si no se dice con desdén, indiferencia o paternalismo simplón). Son ciudadanos que no se resignan ante el atropello a sus derechos, máxime cuando sus pensiones, modestas en la mayor parte, han sostenido una red de solidaridad que ha evitado o suavizado situaciones de pobreza para muchos de sus familiares parados y con cargas familiares.

Presentar la erosión de las pensiones como algo inevitable por el aumento de la esperanza de vida es una mentira como un camión. El Sistema de Seguridad Social ha sido maltratado desde la ya lejana reforma de las pensiones del primer gobierno socialista de 1985, culminando por ahora el proceso cuando se cambia por el PSOE la ley en 2011 para ampliar el periodo de cálculo de la base reguladora de las pensiones y elevar (salvo algunos supuestos) la edad para la jubilación ordinaria a 67 años (con un periodo transitorio hasta 2027), y en 2013 por el PP para consagrar el Factor de Sostenibilidad y un nuevo Índice de Revalorización Anual de la pensión que tira a la cuneta la referencia al IPC y el mantenimiento de su capacidad adquisitiva. Todo esto nos puede llevar a un panorama desolador, con pensiones limitadas a mínimos de subsistencia, lo que dejaría para vestir santos a los artículos 41 y 50 de la Constitución que imponen a los poderes públicos la garantía de un Sistema Público de Seguridad Social con prestaciones «suficientes» frente a los estados de necesidad.

Hay otra forma posible de hacer las cosas: cuidar los ingresos con la eliminación del tope de cotización, ya que nuestro Sistema de Seguridad Social funciona con el sistema financiero de reparto sin relación sinalagmática entre las cuotas y las prestaciones (sin perjuicio de revisar al alza los topes de prestación), mejorar la calidad del empleo con las correspondientes subidas salariales, luchar contra el fraude de forma decidida y garantizar, respecto a la financiación de la Seguridad Social, aportaciones progresivas del Estado en sus Presupuestos Generales, que deben ser suficientes frente al déficit derivado de los menores ingresos por cotizaciones y así evitar la reducción de la acción protectora de las pensiones.

Decía Beveridge, considerado uno de los padres de la moderna seguridad social, que este sistema de protección era la decisión política de abolir la miseria. Hoy salimos a las calles para devolver a nuestros mayores, con gratitud, ternura y solidaridad, todo lo bueno que han dado por nosotros, pero también para garantizar un futuro alejado del inmoral 'sálvese quien pueda'.

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