La Rotonda

Realidad virtual

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Las redes sociales tienen con frecuencia un efecto engañoso, sobre todo cuando se aplican a cuestiones políticas o polémicas, que vienen a ser lo mismo. A la vista de un aluvión de retuits, de 'likes' y de corazoncitos, se puede llegar a creer que eso es todo el mundo, que esa posición triunfa y que hay una mayoría social que la respalda o que comparte los criterios. Sobre todo, cuando se trata de ir a la contra, que es mucho más fácil que estar a favor. Nos pasa a los periodistas, que medimos el alcance de las historias en función de la repercusión que tienen en estas plataformas. Olvidamos que una inmensa mayoría de la población votante, con capacidad de decisión -sobre todo la de mayor edad- no tiene acceso a estos canales o directamente pasa. Se sigue manifestando en la barra, con la familia, en el trabajo o, a lo sumo, en un grupo de 'whatsapp'.

También le pasa a las plataformas que se organizan por una causa, generalmente, en contra de algo. Crean grupos de Facebook y Twitter que alcanzan un buen número de seguidores; recogen otras tantas firmas en Change.org; acaparan cierta atención mediática y de algunos representantes políticos. Y ya piensan que han aglutinado a una mayoría. Ante tal éxito virtual, es fácil caer en la tentación de pensar que la masa social va a secundar su postura en el espacio real, el de la calle; y en el escenario de la toma de decisiones, que es el de las instituciones democráticamente elegidas. Y ahí es cuando la burbuja se pincha, el soñador se despierta con jaqueca y se da de boca contra la realidad, sin móvil ni tablet ni ordenador de por medio. Las fallidas manifestaciones contra el tranvía al Civil y por el bosque urbano en los terrenos de Repsol son un ejemplo que ilustra esta diferencia entre el mundo virtual y el real. En cambio, la que se produjo por la mejora de la sanidad fue multitudinaria, con casi 10.000 personas, y demuestra que la gente, cuando algo le afecta realmente, sí que se involucra.

Ahora, el colectivo ciudadano que lidera la oposición a la torre del Puerto ha decidido dar el salto de Internet a la pancarta. Hasta ahora, salvo por la organización de varios foros de debate, con dispar éxito de audiencia (el más concurrido, eso al menos me lo permitirán, fue el organizado por SUR), la polémica se ha servido en los medios de comunicación, en Twitter y en el pleno del Ayuntamiento. Después de tantos meses de discusión altisonante, ya ha dado tiempo a que un buen número de ciudadanos conozca lo que se pretende hacer y tenga una opinión formada al respecto. Es el momento de calibrar si ese rechazo social que supuestamente existe contra la torre del Puerto es realidad real. O se queda en realidad virtual.

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