Quintiliano no vive aquí

ROSA BELMONTE

Ayer no vimos a Quintiliano. Vimos al abogado que consiguió que Rajoy fuera citado como testigo en el juicio de Gürtel. Si yo tuviera esa falta de elocuencia, que la tengo, evitaría que todos lo supieran. El letrado y el testigo parecían Claudio y Rex Harrison. Recuerdo a Stampa Braun durmiéndose en sesiones vespertinas de una vista, pero por las mañanas se expresaba bien. «He cavado mi tumba política», musitó Cospedal después de la parrafada sobre el contrato en diferido de Bárcenas. Pero no fue voluntariamente al sacrificio sintáctico, se vio obligada. «Las respuestas tienen que ser gallegas, no van a ser riojanas» (Rajoy). Quintiliano, legendario abogado y maestro de retórica, sí era riojano, de Calahorra. Rajoy, que no aportó nada, salió de la Audiencia reafirmado en su rajoycidad gracias a quienes le preguntaban. Según Iglesias, «España no se merece esta vergüenza». Hombre, si lo hubiera dicho el Consejo General de la Abogacía...

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