Queridos clones

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Basta asomarse de puntillas, como quien padece vértigo, a la actualidad para constatar que la maquinaria electoral ya ha echado a andar, si es que alguna vez permaneció parada. Presentaciones de candidaturas, congresos locales, recogida de avales, mociones de censura y otras conspiraciones palaciegas, todo desprende el mismo olor a sofrito quemado de precampaña. Los partidos empiezan a cocinar estrategias políticas en la imprudente hoguera de sus vanidades, de donde saldrán viejos eslóganes que en los próximos meses nos venderán como recetas de vanguardia. La última en sacar pecho de una más que cuestionable gestión ha sido Fátima Báñez, que habla de «recuperación a la española» e incluso de una «primavera del empleo», como si publicitara unos grandes almacenes. Habría que preguntarle si lo considera mérito propio o de la Virgen del Rocío, a la que se encomendó para salir de la crisis, pero lo cierto es que el drama de la precariedad laboral que se empeña en negar no merece más dosis de frivolidad.

Comprobamos legislatura tras legislatura que en política las mentiras suelen salir baratas, cuando no gratis. Su precio resulta simbólico, no más de unas cuantas mofas en redes sociales y algún 'meme' ingenioso. La adulterada recuperación de la que habla la ministra esconde la paradoja de que hay más personas empleadas que hace seis años pero menos horas de trabajo por el aumento de contratos temporales y a tiempo parcial. También han bajado los salarios, se ha duplicado el número de parados de larga duración, se ha ensanchado la brecha entre hombres y mujeres y se han disparado la externalización de servicios y las altas de falsos autónomos, pero a Báñez, y por extensión al resto del PP, porque los partidos han quedado reducidos a meros dispensadores de opiniones clonadas donde nadie parece capaz ni de toser a los suyos, este escenario le parece digno de sacar pecho.

En Málaga, como en otras provincias con economías basadas en el turismo, esta precariedad resulta especialmente evidente, por eso sorprende (o no) que ningún representante del PP se haya atrevido a levantar la voz para matizar que los mensajes triunfalistas funcionan como decorado de cartón piedra pero que las necesidades reales de la población en materia de empleo pasan por mayor protección y una urgente revisión de las condiciones laborales. Se quejan, sí, el resto de partidos, con gesto estudiadamente fruncido y la indignación encorsetada en los discursos de turno, pero no nos engañemos; la experiencia demuestra que si quienes gobiernan fueran los 'suyos', el argumentario sería otro. La política de trincheras, preparada para detectar una mota de polvo en la ventana del vecino pero no toda la basura acumulada en casa, es el mal más extendido en la gestión pública. Ahora que las estrategias de campaña están por concretar, agradeceríamos algunos cambios en esa triste dinámica, apenas un rastro de autocrítica entre tanta impostura partidista.

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