QUERIDA ANA

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Este próximo 17 de diciembre se cumplirán veinte años del asesinato de Ana Orantes. Entre el fragor de banderas, las manifestaciones, la tensión creciente, se cuela un video que cuenta su historia y nos avisa de la necesidad de prepararse para conmemorar como merece la valentía del el testimonio de esta mujer, que nos cambió la vida a todas y que hoy, en medio del colapso, arroja una clara luz de esperanza sobre los avances que hemos conseguido. La vuelvo a ver en el corte de su aparición en Canal Sur que se ha hecho viral, en un programa de esos tan útiles como denostados, y me enternece su imagen, con su pelo de peluquería, su traje rojo, y la naturalidad con la que contaba el horror de su vida doméstica. Cómo temblaba «como una niña chica» cuando pasaban las horas y el marido no llegaba a casa, señal de lo que le esperaba cuando apareciera; cómo le agredía, le cogía por el pelo, le chocaba contra la pared, le ponía la cara destrozada; como la avergonzaba constantemente, para convencerla de que no era nada, menos que nada. «Yo tenía que aguantarlo, aguantar que me diera paliza sobre paliza, paliza sobre paliza». Recuerdo perfectamente dónde estaba cuando supe que había sido asesinada, de manera bestial, 13 días después de su testimonio, igual que recuerdo el 23F o la llegada del hombre a la Luna. En mi casa, con un niño recién nacido, me organicé para irme a la manifestación que se había convocado en la plaza principal de mi ciudad sin pensármelo, creo que ha sido la única vez que no he ido por obligación profesional a una protesta, y aún siento la tristeza que impregnaba en el ambiente, el peso de la toma de conciencia que de pronto se había hecho intolerable, ineludible. Ana no era la única, pero sí la mas valiente.

Aún hoy los feminicios no cesan, 38 mujeres muertas en lo que va de año, 44 el pasado, pero nada hubiera sido igual sin su denuncia. Las grandes cosas, en general, las hacen personas normales y corrientes.

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