Si me queréis, irse

ANA BARREALES

Que en Málaga todo pasa en la calle Larios no es ninguna novedad, pero es que vamos a peor. Procesiones, exposiciones, manifestaciones, pasarelas de moda, luces navideñas, desfiles de carnaval, carreras urbanas, carpas solidarias y hasta altares del Corpus. A partir del 24 de noviembre se encienden las luces y la calle Larios pasa a convertirse en zona prohibida para los que tienen fobia a las grandes concentraciones de masas.

No es lo mismo ver una exposición de El pensador de Rodin, junto a otras seis esculturas en bronce, concebidas para mostrarse al aire libre, que mupis con fotografías de esa banqueta de Ikea que todo padre con niños menores de 10 años tiene en su casa. Que sí, que la han colocado en distintos escenarios malagueños, pero no deja de ser una publicidad como una catedral, si se me permite el juego de palabras con la iconografía de la iluminación navideña de este año. Y para eso ya están las marquesinas de los autobuses y otros soportes. La última fue la semana pasada: Antequera, patrimonio mundial. Muy bonito todo, pero no veo la necesidad de que coincida con la prenavidad, que cada vez empieza antes, ni de que todo ocurra en los escasos 300 metros que tiene la calle de larga. Sin sufrimientos y sin que te claven el bolso en la cintura caben unas 4.000 personas, según calculamos en el suplemento un año de periodismo que publicó SUR en diciembre pasado

Y ya no se trata de si hay que poner más o menos adornos navideños o de si hay que empezar más tarde la serenata de luces y mogollones. Al fin y al cabo eso es una simple cuestión de gusto y, probablemente, el mío sea más sobrio que la media. Ni siquiera se trata de los 654.609 euros que se va a gastar el Ayuntamiento este año en decoración del centro, 81.398 euros más que el año pasado con la incorporación de ocho nuevos tramos de calle, que los doy por bien empleados a juzgar por las pasiones (incomprensibles para mí) que despierta la iluminación, que se traducen en atascos, aparcamientos completos y hasta achuchones. En un concierto lo soportaría con agrado -hasta para los apretones hay gustos-, pero para ver encenderse unas luces prefiero el exilio temporal, contemplarlas en la distancia o de madrugada. Total, la música no es en directo.

Es la pura y simple saturación de la gente que atraen. Si ni para los comerciantes son buenas las avalanchas que se forman. Lo único probable que compren los que llega en los mogollones vespertinos es un paquete de tiritas para pisotones. El comercio y la hostelería ya tienen bastante público potencial en estas fechas con los que deambulan por allí antes y después de las comidas y cenas de trabajo.

Hay más zonas bonitas en Málaga, no todo tiene que ocurrir en la misma. Si la calle Larios hablara diría lo que Lola Flores en la boda de su hija: Si me queréis, irse.

Fotos

Vídeos