La purga del proceso

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Ha sometido Puigdemont a una purga soviética a su ya exconsejero Jordi Baiget. Se había atrevido el purgado a decir que igual el referéndum no se podría realizar como decía el president y que habría que pensar en otra cosa. La CUP -que quiere abrir un economato en la catedral de Barcelona- pidió su cabeza y antes de caer la tarde, Baiget fue defenestrado.

Cómo estará la cosa dentro del proceso (kafkiano) que hasta Francesc Homs ha dicho, digamos en tono de queja, que está hasta los... de esta forma de actuar del heredero de Mas.

El balance disolvente del 'procés' es demoledor. Primero rompió una coalición, CiU, que había sido hegemónica en Cataluña y determinante en el Congreso de los Diputados como coaligada, con grandes beneficios presupuestarios, así del PSOE como del PP. Unió ha desaparecido y lo que queda del partido de Pujol se ha tenido que cambiar de nombre, acuciado por la torrentera de casos de corrupción y financiación ilegal. La encrucijada de decidir si se es catalán, y solo catalán, o se puede ser las dos cosas, catalán y español, sin que le empujen a uno, fraccionó también al PSC, el partido que más se parecía a Cataluña hasta que entró la fiebre del 'procés'. La división ha tenido lugar también dentro del entramado de Podemos, con partidarios del referéndum autoritario, neutrales y contrarios por omisión. El penúltimo episodio de división se ha producido dentro del propio Gobierno, con la purga del consejero que se atrevió a decir en voz alta lo que piensan muchos que están hasta los...

Todo esto ocurre cuando las encuestas anuncian el descalabro de lo que queda del que fue partido de Jordi Pujol, ahora cambiado de nombre. Este desastre para los convergentes -ERC por delante del partido de Puigdemont, que sería el sexto- es una demostración empírica de la inteligente estrategia de astuto Más: de hegemónico a irrelevante en menos de un lustro. Un día después de la purga, presentaron en un teatro de Cataluña un papel fruto de la posverdad, entendida esta como la mentira de unos políticos, compartida por una porción de ciudadanos, que pretende crear una nueva forma de relación con la realidad que no debe malograr la verdad. El escenario teatral pone a huevo todo tipo de metáforas: una dramatización, una ficción, una magnificación; un papel hecho a espaldas del Parlament, que es donde reside la soberanía en aquella Comunidad Autónoma. Un papel que no se registra, que no se debate con los parlamentarios catalanes, que se declama en una escenificación que pretende reforzar el victimismo y que anticipa la gestión de la frustración en que acabará este proceso disolvente. De aquí al 1 de octubre seguiremos en esta posverdad; de soltera, mentira.

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