Calle Ancha

El pulmón verde

El activismo que su defensa provocó es un episodio bastante olvidado de la reciente historia de la ciudad

FRANCISCO MOYANO

Apesar del acusado crecimiento urbano que Marbella experimentó a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, particularmente en los ochenta y noventa, la Naturaleza siempre estuvo muy cerca de la ciudad. Fácilmente, a pie, en poco tiempo nos encontramos en el campo, en la Sierra Blanca que imprime carácter climatológico a la zona. Podría hablarse de «pulmones verdes» en pleno centro de Marbella: el Paseo de la Alameda, desde hace unos cuantos siglos, y desde los años ochenta el Parque de la Constitución, heredero en su ubicación, del anterior parque vivero forestal estatal. Pero, cuando en la ciudad se hablaba de un «pulmón verde» la referencia aludía al Pinar de Nagüeles, una zona defendida de cualquier atisbo de especulación y destrucción, que haberlos los hubo. Es una de esas escasas ocasiones en que la opinión pública, la ciudadanía de Marbella, desistió de su particular indolencia e hizo oír la voz alta y contundente para proteger este paraje de indudable valor ecológico. Las voces no se habían escuchado, al menos públicamente, cuando en los años cuarenta se enajenó parte del patrimonio natural del término municipal; no eran tiempos para sacar los pies del tiesto y además el contexto era puramente de supervivencia; una ciudad deprimida subsistiendo en una dura postguerra y con las arcas municipales con alguna que otra telaraña. Era alcalde don Enrique Belón Lima, quien además ejercía como fotógrafo que publicaba en el diario ABC y que comercializó las primeras tarjetas postales de Marbella. Ocupaba el cargo desde 1939 y en 1945, la corporación que presidía vendió al Estado toda la superficie de la Sierra Blanca que pertenecía al término municipal: un total de un millón ciento catorce mil seiscientas cinco hectáreas de terreno. El Estado pagó a Marbella doscientas dos mil trescientas doce pesetas. Se dijo que la pretensión estatal era, mediante Patrimonio Forestal, la reforestación de la zona, muy mermada desde el siglo XIX por la tala masiva destinada a las ferrerías de El Ángel. Más de treinta años después de la venta, en 1968, el Gobierno decidió cambiar la calificación de la zona, de manera que pasó, de estar considerada de interés público, a zona de interés turístico. En 1970 una empresa privada compró el Pinar de Nagúeles por cincuenta y ocho millones de pesetas. Doce años más tarde, 1982, los propietarios depositaron en el ayuntamiento cuarenta y dos millones de pesetas como paso previo a la urbanización del Pinar. Se aprueban por el ayuntamiento dos planes parciales a lo largo de los dos años siguientes y surge la 'Coordinadora Salvar Nagüeles' que crea conciencia ciudadana sobre los peligros de destrucción que se cierne sobre el «pulmón verde»; como consecuencia de su acción, el proyecto de urbanización queda parado y se procede a modificación, de forma que vuelve a salir a la luz a finales de 1986, lo que significa también el resurgimiento de la Coordinadora, que en este momento se encontraba impulsada por la 'Agrupación Ecologista Pinsapo'. Comenzó un largo periodo de movilizaciones y controversias. Los promotores se apresuraron a ofrecer una rueda de prensa para defender sus posiciones y mostrar la preocupación que les producía el revuelo vecinal causado. Abiertamente acusaron al concejal de PASOC, Rafael García Conde, de mentir cuando divulgó el plan parcial del 83, que había sido derogado por otro del 85. Sin embargo, para la Coordinadora, no existían diferencias sustanciales entre uno y otro, a pesar de lo cual reconocían la legitimidad de los promotores para urbanizar, pero manteniendo el equilibrio con la preservación de los valores ecológicos de la zona. En un comunicado, en contestación a la preocupación de los promotores por las movilizaciones ciudadanas, la Coordinadora afirmaba: «esta coordinadora quiere dejar bien claro que no partirá de ella, ni de ninguno de sus miembros, actuación de fuerza alguna que sea contra derecho, si bien tampoco está en nuestras manos el evitar que se produzcan alteraciones, interrupciones o actos que intenten impedir la destrucción de Nagüeles por medios no pacíficos; desde ahora declinamos nuestra responsabilidad sobre los mismos». Afortunadamente el civismo terminó imponiéndose y, en un largo proceso, los promotores urbanizaron y Nagüeles siguió siendo un «pulmón verde» de Marbella. Pero el activismo ciudadano que su defensa provocó es un episodio bastante olvidado de la reciente historia de la ciudad.

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