Puigdemont quiere dar miedo

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Ha jaleado Puigdemont a los independentistas para que se encaren con los alcaldes contrarios al proceso autoritario, para que les acosen por no ser catalanes de la única manera que hora parece que se puede ser. Alcaldes elegidos democráticamente y que no se quieren saltar la ley el 1 de octubre ni las vísperas. La proclama del president es una muestra más del supremacismo independentista y un bidón de gasolina para inflamar la fractura civil en marcha. Ya ha surtido efecto: alcaldes socialistas amenazados de muerte, empujados para que se vayan, atacados con insultos xenófobos y homófobos...

En su afán propagandístico por rebañar de todas las partes imaginables y sumarlas al convento, los independentistas autoritarios se han querido equiparar con Ghandi y Rosa Parks. Puigdemont se comparó obscenamente, en el 30 aniversario de la matanza de Hipercor, en Barcelona -21 asesinados, dos de ellos niños, 45 heridos-, con la tenaz resistencia contra ETA. Suma que te suma, Joan Tardà dijo, muy serio, que se querían ir de España para librarse de la corrupción. Mare de Deu! El país que patentó el tres por ciento de robo, donde el padre de la patria y su familia son considerados 'organización criminal', el del saqueo del Palau, la financiación ilegal del partido guía... Ya puestos, decidieron otro día que la lucha del movimiento LGTBI era parangonable con la independentista. Va Puigdemont y dice que los catalanes (nacionalistas) y los gays son generadores de riqueza y han desafiado la legalidad. Otra manipulación torticera; querer apropiarse de los movimientos que nada tienen que ver y que albergan en su seno a hombres y mujeres que están por la Constitución, que rechazan la idependencia. Otra vez la idea tóxica de empatar con los perseguidos.

Se pueden poner más ejemplos, pero todos conducen a lo mismo: somos las víctimas y no los que estamos descoyuntando la convivencia y quebrando la ley.

El desarrollo sectario y atropellado de los plenos del Parlament, en los que su presidenta, Carme Forcadell, ha exhibido todo el catálogo de su autoritarismo; la utilización de las víctimas del terrorismo yihadista para arremeter, en un ejercicio de hispanofobia, contra el gobierno de la nación y el Jefe del Estado, dejan clara la vocación de los independentistas: fomentar la fractura entre catalanes, que son considerados 'buenos', si quieren la independencia por vía autoritaria, y 'malos', si quieren defender la ley y el pluralismo de la sociedad catalana.

Ver al defensor de la matanza de Hipercor, la más grave ocurrida en Cataluña, jaleado y arropado por algunos de los que defienden la idependencia, así en la manifestación de agosto como ahora, confirma lo que dijo Puigdemont: queremos dar miedo. Ya lo dan.

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