Puigdemont en el abismo

Unos han querido enviar a la Legión aquí o allá hace mucho, otros intervenir Cataluña con la inmediata aplicación del artículo 155 de la Constitución, otros quieren dialogar vestidos de blancos lazos, hay para todo

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

La mayoría silenciosa existe y empieza a probar que efectivamente es mayoría. Nunca se han visto en los últimos treinta años más gestos de catalanes en favor de la españolidad que ahora. Y para colmo la marcha de empresas catalanas o no, pero allí establecidas, ya no es un anuncio ni una amenaza. Las palabras de Artur Mas, tantas veces ironizando con el éxodo bancario, tienen ahora que tragárselas poco a poco. Es todo muy grave y muy triste. El daño está hecho y, si sus actores persisten, será mayor y será muy grande.

La triada (Mas-Puigdemont, Junqueras-ERC-CUP y Mister XR) ha venido actuando con fe e inteligencia y bordando gran parte de su plan. El 1-O había dos objetivos principales, disponer de una masa crítica que se dispusiese a protagonizar una ceremonia de jornada de voto y victimizar al independentismo. Tras la decisión de la juez haciendo a los Mossos d'Esquadra responsables de precintar los colegios electorales y el plazo que les otorgó a partir de las seis de la mañana del domingo primero de octubre, el dispositivo previsto por el Ministerio del Interior fue ampliamente obstaculizado hasta hacerlo inviable. La tromba de imágenes falsas en fotos y vídeos, cuidadosamente coleccionadas días antes, más otras imágenes reales en las que podían verse algunas cargas policiales, crearon la sensación deseada. A más de ello, una auténtica e hinchada burbuja de heridos fue numerizada y dada a conocer para apuntalar su, de antemano, proyectado titular de una inexistente brutalidad policial. El empeño puesto en hablar de dos heridos graves, uno por la acción de una pelota de goma en un ojo y otro por un infarto, ya es un poco chocante. Nunca antes un infarto de miocardio había sido computado como un herido, menos aún sin especificar las circunstancias del hecho. Fotos de 2012 y 2013 ilustraban las noticias, videos de cargas policiales de los mossos en años anteriores, algunos de policía en Francia y hasta en Davos, todo convenientemente seleccionado, era material sensible para ilustrar en falso el 1-O.

Pero cuando un buen jugador de ajedrez no es, sin embargo, un auténtico maestro, llega una jugada que o no estaba prevista o que sólo atisbaba en nebulosa, como si nunca fuera a llegar. A estas alturas don Carles Puigdemont esperaba que se hubiese activado algún resorte que parara la cosa. Por momentos se ha llegado a ver detenido -casi habría sido un respiro-, por instantes pensó que el Gobierno se apresuraría a aplicar alguno de los instrumentos legales de los que dispone, todo estaba dispuesto para recurrir en los tribunales e invalidarlos. Sin embargo, el president aún se sienta en su despacho de la Generalitat, nadie le ha hecho caso en su petición de mediación ni le han propuesto dialogar fuera de la legalidad y asiste a lo que nunca esperaba, la rebelión contra el independentismo de muchas personas, mucha sociedad, tejido empresarial y las más carismáticas empresas. Enfrentarse a la DUI (declaración unilateral de independencia) es un auténtico callejón sin salida, por delante el Estado y por detrás Junqueras, la CUP y esa masa enfervorecida que se ha venido alimentando.

Cataluña no se va a ir a ninguna parte y los autores flagrantes de delitos tan graves como todos hemos podido ver escenificados van a tener que responder ante la Justicia sin remedio alguno. En los bares, en las tertulias y en muchos editoriales, los españoles -como siempre- ya sabemos lo que hay que hacer, somos así para las alineaciones de fútbol y para declarar culpables e inocentes. Unos han querido enviar a la Legión aquí o allá hace mucho, otros intervenir Cataluña con la inmediata aplicación del artículo 155 de la Constitución, otros quieren dialogar vestidos de blancos lazos, hay para todo. Pero el Gobierno tiene la responsabilidad y la palabra. El presidente Rajoy sabe lo que hace y lo que tiene que hacer, lo mostró con la grave crisis económica y con la evitación casi numantina del rescate y todas las medidas que puso en marcha para evitarlo. Es un hecho que la deriva secesionista se debilita, Rajoy ha afirmado que tomará las decisiones más adecuadas con todas las garantías en interés de España y en el momento más oportuno. No es el tiempo de dejarse llevar por la pasión ni de buscar votos, son los días de la razón, la serenidad, la determinación y la ley.

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