Con lo puesto

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

Carlos está reclinado en el banco del parque. Cuesta trabajo distinguirlo porque lo tapa un coche de alta gama que tiene la puerta del copiloto abierta. El piloto, frente al volante, se dirige en voz alta a otro hombre de baja estatura, es enano. Está acompañado a su vez por otro en silla de ruedas que deja ver una pierna ortopédica de metal. Pepe todos los días se sienta en el mismo banco del templo, lo hace durante horas. Sonríe tiernamente cuando se le acercan los niños. Tiene un médico asignado en el centro de salud, hace varios meses que no va. Pepe, al igual que Carlos, vive en la calle y al igual que Carlos no está aseado. Con una diferencia, el primero bebe mucho y el segundo no. Carlos comparte su adicción al alcohol con Samir, que cuando escupe expulsa bilis. Algo que no hace Amalia pero que, como los tres compañeros de la calle, también necesita de atención sicológica y aseo.

Este retrato de nombres ficticios y personas concretas obedece a la realidad. Para todas las personas la salud mental y física, así como el bienestar social, son componentes estrechamente vinculados. ¿Pero qué ocurre cuando tanto los recursos como las propias estructuras de las ciudades son incapaces de absorber a millares de hombres y mujeres que viven en la calle y con trastornos sicológicos o adicciones de todo tipo? A veces da la sensación objetiva, a tenor de los datos, de que no existe una respuesta óptima en la atención a este tipo de personas. Sin duda es una realidad compleja y difícil de abordar aunque se pretendiese atajar desde una realidad interdisciplinar. Lejos de denostar los esfuerzos que en la provincia de Málaga las administraciones públicas como otras entidades privadas realizan buscando paliar los efectos grotescos de una sociedad desestructurada, es cierto que la falta de instrumentos adecuados se erige como un aliado perfecto a la hora de orillar a quien vive en la calle con trastornos asociados. La falta de recursos o de sensibilidad social por no hablar de políticas eficaces supone un cóctel donde millares de personas son devoradas en su dignidad.

Es indispensable prestar atención para estar cerca de nuevas formas de pobreza y fragilidad aunque eso aparentemente no nos aporte beneficios tangibles e inmediatos. Todo un desafío para una sociedad donde cada vez más se acentúa la brecha e indiferencia social.

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