Se puede vivir sin Facebook

Facebook propone un concepto superficial de la amistad y es un lugar para el cotilleo sin fin

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

No tener Facebook es una de las mejores decisiones que he tomado en toda mi existencia. Durante este tiempo, «no tengo Facebook» quizá haya sido la negación que más veces he tenido que pronunciar en alto, y casi siempre esta frase ha venido acompañada por muecas de extrañeza, incógnitas de incomprensión o acusaciones de tongo. Hasta ahora, y que yo sepa, lo peor que me ha pasado por tener un perfil ha sido perderme alguna fiesta y olvidarme de felicitar los cumpleaños de todos mis conocidos. También he sufrido alguna que otra trágica discriminación, en especial la de las ofertas y promociones para las que tener un perfil en la red es indispensable. «Síguenos, dale me gusta y participa en el sorteo de este maravilloso pareo». Por lo demás, creo que todo han sido todo ventajas.

Facebook es la herramienta de espionaje más infalible que ha inventado la humanidad. Las empresas lo usan para vender y se sospecha que los gobiernos lo miran para controlarnos. Los departamentos de recursos humanos lo utilizan en sus procesos de selección, y es habitual comprobar que por culpa de un post se ha despedido, se ha descubierto un timo al seguro o se han roto tantísimas relaciones. Hay millones de broncas de pareja por culpa de las redes sociales, y Facebook es la más utilizada. Dejar de seguir a alguien es de lo peor que puedes hacerle, es lo más parecido a apuntar su nombre en un papel y meterlo en el congelador. Puede que esta red social haya propiciado la continuidad de unas relaciones hermosas pero, la verdad, para mantener el contacto con unos cuantos amigos a los que no veo o que viven fuera no merece la pena aguantar las tonterías del personal, las pamplinas de familiares absurdos o las fotos de las vacaciones de unos compañeros de estudios a los que jamás he llamado. Para mantener el contacto hago algo quizás pasado de moda que consiste en enviar correos personales. El e-mail, con su formato epistolar, sigue siendo la forma más exquisita de comunicación por internet.

Facebook propone un concepto superficial de la amistad y es un lugar para el cotilleo sin fin. Los 'amigos' que aparecen en el muro no suelen ser las personas en cuyas vidas despiertan interés, sino simplemente aquellos que tienen mucho que decir, bien por aburrimiento o por mero exhibicionismo. Facebook tendrá sus hallazgos geniales, pero la gente que borra su perfil siempre cuenta que gana una liberación mental extraordinaria y mucho más tiempo para sus cosas, y lo recomienda a sus amigos. Agosto es un mes ideal para olvidarse de las redes sociales o al menos para limitar su uso a lo mínimo imprescindible. Un usuario pasa conectado de media 50 minutos al día en Facebook. Bajando el nivel podremos disfrutar más de nuestras aficiones o recuperarlas y hacer esas cosas que hacíamos antes de tener Facebook, si es que nos acordamos, que se denomina Vida Real.

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