A cada uno lo suyo

Lo que no puede ser

En una democracia cumplir con la ley no es una opción, es una obligación

PEDRO MORENO BRENES

Recuerdo que en mi tiempos de estudiante de Derecho y de opositor, la mención al artículo 155 de la CE partía de su previsible virginidad aplicativa, es decir, que no se vería ningún órgano del Estado en el trance de echar mano a su contenido para adoptar medidas concretas. Sin embargo el fenecido, al menos en términos legales, proceso hacia la independencia de Cataluña, ha puesto de manifiesto lo que en ocasiones comento a mis alumnos en la Facultad: explicar lo evidente es a veces más complicado que lo difícil.

Llevo meses diciendo que han gastado energía e imaginación a doquier los que han diseñado con detalle, desde la satisfacción o el terror, el escenario de esa Cataluña independiente: lo que pasará con tal o con cual tema, que si doble nacionalidad, que si cambia el plan de estudios de esa carrera, que si las empresas no sabían a que atenerse... Cuando en coloquios informales o en los medios tenía ocasión de mostrar mi postura lo hacía de la manera más lacónica: todo está escrito, el Estado reaccionará con sus medios ya que no lo queda otra opción si es digno de tal nombre y solo cabe debate sobre el contenido de los mismos. Y no tiene quien suscribe título de pitoniso, es que «lo que no puede ser no puede ser y además es imposible» (Charles Maurice de Talleyrand)

Hace poco en estas mismas páginas un servidor titulaba así una columna: 'Mejor el 155 que el 116'; en esas fechas Junts pel Sí y la CUP habían aprobado en el Parlament dos leyes que realmente eran las dañinas para la seguridad jurídica y que fueron rápidamente suspendidas por el TC. Lo de ayer, en el fondo, era una pose, llamativa políticamente pero con escasa relevancia jurídica. Un mes y medio ha pasado, se habría podido aplicar el artículo 155 de la CE, a pesar de lo cual se ha dado una oportunidad a las ya cesadas autoridades catalanas para dar marcha atrás. Y ayer, en unidad de acto, dos cámaras parlamentarias han desatado la ya inevitable aplicación de ese 155, que como 'El Platanito', esperaba su oportunidad, igual que el Senado, ya que una sesión de su pleno nunca había generado tanta expectación como cuando ayer aprobaba las medidas requeridas por el Gobierno. Ahora toca firmeza, proporción y exquisito respeto al pluralismo y a las libertades, aprendiendo todos una lección: en una democracia cumplir con la ley no es una opción, es una obligación. Lo contrario es la selva, y ahí siempre ganan los más poderosos, no los que tienen más razón.

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