El rayo verde

PSOE renacido

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Es asombrosa la capacidad de prescripción del poder. Se comprueba hoy de manera singular con el nuevo Gobierno de la nación. Cualquiera diría que vivimos en el mismo país que hace, sin más, una semana; la España de Rajoy y del PP zarandeada por una condena por corrupción, inmovilizada ante las grandes cuestiones del país, voceada por dobermans con un discurso altanero y casi de odio, con dirigentes cuya formación estaba bajo todas las sospechas, etc. Las carteras ministeriales pasan a manos de un grupo de personas que parecen de otro tiempo, hasta de otro sitio; un equipo dominado por la presencia de mujeres, muestra clara de que el presidente Pedro Sánchez ha leído bien el 8M, que además manda múltiples señales para que amplios sectores sociales puedan identificarse y hasta querer emular. Notable, por cierto, tras el descrédito de los políticos. Puede alentar la fe en las nuevas oportunidades, al incluir a veteranos en puestos clave, en contra del adanismo, e incluso a la vez que concita altos perfiles profesionales pone a una cara amiga para la población que tiene en la tele su principal ámbito de socialización, que es mucha más de la que creemos. Aunque no sea un 'crack' de la cultura o el deporte.

«La antiEspaña es la que impulsa la renovación de España, para que ésta se reconfigure una y otra vez contra la primera», retuiteaba un amigo filósofo. Otro, un político sabio, me dice que estamos ante una división a la americana, entre liberales-aperturistas y conservadores-populistas-nacionalistas. Su pronóstico, que comparto, es que si a Pedro le va bien puede haber elecciones en primavera «cuando los viejos partidos sean los nuevos y los nuevos partidos sean(como ya empiezan a serlo) los viejos». No solo Sánchez es «el renacido», esa hollywoodiense imagen tan repetida, también lo es el PSOE.

En Andalucía el nuevo Gobierno de Madrid produce también un zarandeo importante, aunque en apariencia todo siga igual. No es sólo la definitiva pérdida de Susana Díaz en su pulso soterrado con Pedro Sánchez, o que éste haya nombrado a quien ha querido, sin su placet y sin afinidad con la presidenta andaluza, y está por ver si los segundos escalones, léase delegado y subdelegados del Gobierno, siguen esta pauta. Es que Díaz ha quedado de pronto muy 'ancien régime'.

Ayer tuvo que escuchar a Antonio Maíllo en el pleno tachándola de inmovilista. Su reacción al cambio ha sido incluir en su Gabinete a una prestigiosa catedrática feminista de izquierda, no socialista, Lina Gálvez, en un intento también de disputar el espacio a la confluencia de IU y Podemos. Pero necesitará meter otra marcha y sacudirse inercias. Todo va muy rápido y si no corre puede que sean los suyos los que le hagan la oposición más dura.

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