Prudencia ante los avances del cáncer

Prudencia ante los avances del cáncer

El paciente y familia, así como todo ciudadano, tiene derecho a una información veraz y adecuada, y en este empeño los colegios de médicos no pueden quedar al margen

JUAN JOSÉ BRETÓNONCÓLOGO. DEFENSOR DEL COLEGIADO EN EL COLEGIO DE MÉDICOS DE MÁLAGA

Parece indudable que la medicina es una disciplina sometida al método científico vigente, que no es otro sino comprobar que lo que se hace sirve de verdad. También lo es que está siempre en continuo desarrollo y que aún quedan muchas situaciones en las que es ineficaz. Por eso hay y habrá gran debate en cuanto a la efectividad de algunas de sus teorías, procedimientos o medicamentos empleados. Este fenómeno se produce aún más si cabe en el campo de la Oncología, especialidad con avances vertiginosos casi a diario. Sin embargo, la mayoría de estos avances se producen entre las paredes del laboratorio y deben pasar varios años, y a veces décadas, hasta que se pueda primero, comprobar su efectividad y luego, comparar si son mejores o no que otras técnicas ya empleadas comúnmente. En el camino han quedado muchos productos y métodos, aparentemente prometedores, pero cuya aplicación a la práctica fracasó. Es lógico que para los pacientes cualquier novedad en oferta de terapias, aunque estén aún en estudio o sin ser rigurosamente comprobadas, sea esperanzadora. Algunos medios de comunicación, al divulgar los resultados de los estudios clínicos, no siempre son acertados de modo que el lector puede interpretar como un avance ya disponible lo que aún está limitado al tubo de ensayo o sólo es muy preliminar. Y en Internet abundan tanto páginas de información veraz como las que proponen disparates sin fundamento, contribuyendo a la confusión en información médica.

También es cada vez más frecuente que la medicina asistencial se complemente con medidas encaminadas a mejorar el estado general del enfermo, teniendo en cuenta sus características orgánicas, psíquicas e ideas trascendentes, medidas que contribuyen grandemente, en cuanto que sean bien empleadas, a su mejoría e incluso a su curación. Es en este terreno, que aún está bastante descuidado por la medicina pública, donde encontramos tanto empresas y profesionales de excelente conducta, que dan serio y responsable servicio, como algunos de ellos no tan escrupulosos como se debiera.

En España disfrutamos de un sistema nacional de salud de los mejores del mundo, a pesar de sus periódicos achaques, de los que ya hemos tenido ocasión de hablar aquí otras veces. A él se incorporan continuamente fármacos y procedimientos terapéuticos recientes, debidamente avalados por la investigación e incluso cabe la posibilidad de uso extraordinario de otros, previa información y consentimiento. En este contexto se nota la presión asistencial que trajo los recortes en forma de dificultad en el diálogo con el enfermo, para escucharle debidamente y hacerle entender claramente su situación y decisiones tomar, en las que puede y debe intervenir.

Contamos afortunadamente en Málaga también con una excelente red de medicina privada, en la que trabajan muchas de las grandes figuras de la medicina pública. Nuestra ciudad es un referente del turismo sanitario, en el buen sentido de esta palabra, por el prestigio de sus centros y muchos pacientes de otros países acuden a ella, lo que es bueno para todos. Pero en un terreno naturalmente competitivo, la oferta de servicios debe cumplir unos principios éticos. Ocasionalmente encontramos reclamos publicitarios y titulares que rozan la medicina milagro, a veces acompañados de testimonios personales de satisfacción, siempre respetables, pero ciertamente ajenos a lo correcto profesionalmente, que sería un informe científico, con las debidas pruebas que esto exige. Estos reclamos se dirigen a pacientes vulnerables, inmersos en la angustia de una situación límite, momento muy oportuno para ofertar productos cuya eficacia es dudosa o escasa. Esta realidad debería ineludiblemente ser puesta en conocimiento del paciente, máxime cuando es él el quien lo paga, a veces con enorme sacrificio. En estos momentos debe recurrirse al diálogo entre médico y paciente, aunque los tiempos apresurados que vivimos desde luego no la fomentan. Hay etapas en la evolución de una enfermedad crónica - y el cáncer debe considerarse como tal- en que hay que detenerse, recapitular y hablar con franqueza para adoptar un nuevo rumbo. El médico estará siempre dispuesto a escuchar y, si es posible, dar respuesta a las dudas de un enfermo al que conoce muy a menudo desde hace años.

Mucho más grave es la irresponsable promesa de curación con métodos anticientíficos o muy cuestionables, induciendo a abandonar el tratamiento médico estándar, con las graves consecuencias que fácilmente puede suponerse. Entraríamos aquí claramente en el terreno de la charlatanería pura y dura y del fraude.

Hay un castizo refrán que dice: 'No todo el monte es orégano' y nosotros podíamos decir que no todo lo que se publicita sobre la salud es saludable. El paciente y familia, así como todo ciudadano, tiene derecho a una información veraz y adecuada, y en este empeño los colegios de médicos no pueden quedar al margen. En el nuestro, el Colegio de Médicos de Málaga, muy pronto existirá una página web para que cualquier ciudadano encuentre información relevante y de confianza, e incluso pueda entrar en un foro o solicitar información puntual sobre algún asunto. Se pretende así cumplir uno de los objetivos principales de los colegios profesionales: regular y defender la práctica de la profesión, y cumplir los principios del llamado profesionalismo médico, que se define como anteponer los intereses del paciente a los del propio médico, base de la confianza que éste deposita en el médico, exigencia que se sustenta entre otros principios por los de autonomía y justicia.

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