Mi proustiano Cautivo

Como escribió el poeta Jesús Úbeda, «todo el año supo a lunes»

JESÚS NIETO JURADO

Ahora yo recuerdo aquel Lunes Santo con nitidez casi de technicolor, mucho antes que el gran Antonio Banderas nos internacionalizara en su noble causa. Mi padre me llevaba de la mano, como en el poema de Manuel Alcántara. Si esta memoria no me falla, apuesto que salió Lunes Santo con frío y yo llevaba lana en el cuerpo y me iba enterando de lo inexplicable. No sé si llegaba a los cinco años, quizá menos, pero la palabra 'Señor' ya empezó a grabarse. Quiero recordar que entramos al Café Central, que me deslumbraron las luces del cartel de Philips en un día en que brillaban otras luces; aunque de eso me daría cuenta mucho después. Mi padre y yo habíamos caminado un Jacobeo para mis cortitas piernas -o quizá fui a hombros- y entonces, sí, mi padre entró al Café Central y me sacó aquellas chocolatinas de Nestlé que llevaban el pajarito en el envoltorio. Fue mi primer Cautivo. Había algarabía familiar pero sólo yo salí con mi padre a las calles: al niño había que habituarlo a una fe que no era la de la abuela beata y que fue siempre en negro/luto/ruán. Ahora me cuestiono si fue una promesa paterna a su tocayo de la túnica blanca, o si fue un bautizo en lo más profundo de Dios hecho Málaga. Pasaron los años y ya evitábamos el gentío, y con la abuela Lola íbamos el Viernes Santo a adorar en el día negro a aquel Jesús tan blanco. Y su imagen en el calendario y el devocionario, como un ángel custodio de las cuatro esquinitas de mi cama. Yo fui niño de inviernos, pero desperté a la primavera y a la ciudad. Tuve mis cercanías y mis lejanías de la fe y de todo. Pasó el tiempo y otras semanas santas vinieron con botellón y una fe recobrada en un soplo de azahar. Aprendí a ver solo la Semana Santa, a imaginar que rodaba una película y a perseguir a los locutores que le ponían prosa y barroquismo a lo que veía. Otros Lunes Santos me volvía de Madrid en el Daibus que olía a desinfectante de droguería y salía al Centro con el macuto y la media pasión. Porque hay en todos, incluso en ese intelectualoide que se va a Viena en Lunes Santo y que es el 'Malaferia', una vida en torno a la Semana Santa. Lo sé. Desde Argüelles he aguantado dos meses sin pasar por mi casa para darme esa alegría renovada de esperar la Semana Santa tras una larga Cuaresma a la orilla del Manzanares los más días; del Pisuerga los menos.

Ahora llueve y paseo por delante de un banderón de Tabarnia en este barrio mío de las afueras, antes me he cruzado con un jabalí aburrido en La Mosca. Quizá baje al Centro a ver en Mármoles al Cautivo en lontananza; para que el alma me vuelva a pajarear y yo vuelva a ser quien creo que fui. Para que Dios salga de las estampitas y los calendarios... y camine. Porque, como 'soneteó' el poeta Jesús Úbeda, «todo el año supo a lunes».

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