Promesas y mentiras

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

Andamos ya en tiempos de promesas electorales que, como todos sabemos, son las mentiras del día después. Vienen meses por eso de alta intensidad informativa, que es como se le llama ahora al coñazo que te dan los precandidatos, los que ya lo son y toda la tropa de voceros a sueldo de los partidos que se desuellan los dedos en Twitter para que los suyos vayan quedando bien maquillados ante la cita y, de camino, desprestigian al adversario; siempre, eso sí, con un tertuliano a tiempo para amplificar el mensaje. Y ahí van, los propagandistas anunciando acuerdos de equiparación salarial mientras guardias civiles y policías se echan a la calle para advertirle a Zoido que con su bolsillo no se juega. O el aparato de la Junta, vendiendo hospitales de 230 millones de euros mientras, abajo, en las urgencias de hoy, uno se puede morir de un ictus mientras espera a que alguien le haga puñetero caso. O esa cita para la revisión oncológica, que te llega un mes y medio después de dar sepultura al finado.

Claro que aquí lo importante no somos usted y yo, sufridos contribuyentes que pagamos la retahíla de impuestos y tasas complementarias que sostienen el chiringuito. Aquí la mojama parece estar en la financiación territorial, es decir, en la pasta gansa que se reparte en el enmarañado tejido autonómico y que, inexplicablemente, no acelera luego los tiempos para la construcción de institutos donde hacen falta, centros sanitarios donde son necesarios o carreteras y trenes que urgen para vertebrar las poblaciones. Y así nos va. Con promesas y mentiras que van dando chispa al fuego electoral mientras las decisiones de verdad, las que nos afectan, ahí siguen esperando. Es el método de la política.

Recuerdo, por ejemplo, cómo el Gobierno anunció el pasado mes de noviembre un Plan Nacional contra el Alzhéimer. Fue en Málaga con motivo del Congreso Nacional de esta terrible enfermedad. Ante cientos de familiares que soportan cada día el impacto voraz del alzhéimer sin más apoyo que el de las asociaciones, el coordinador del Ejecutivo para este documento, Fernando Vicente, dijo a bombo y platillo que «antes de final de año» estaría presentado a las comunidades. Nada más se supo. Los últimos consejos de ministros han estado muy ocupados con el uso del español en Cataluña o los parches de Montoro para frenar las protestas de los pensionistas. Pero de aquel final de año a este final de trimestre, pocos avances en aquella estrategia, que para los familiares es una esperanza.

Y eso que, según los últimos datos del Observatorio de la Dependencia, hay más de 300.000 personas en lista de espera y cada día mueren en España 90 dependientes mientras se resuelve su solicitud para una prestación. Es lo que tienen los olvidados. Que no votan o se mueren. Y eso, a los de las promesas y mentiras, les viene que ni al pelo.

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