El fin del VIH

Voltaje

Cualquiera de nosotros ha podido contagiarse de VIH en algún momento de su vida

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El VIH ha dejado de aparecer en las listas de los grandes problemas de la salud pública pero se siguen diagnosticando de 400 a 500 nuevas infecciones en España cada año, de las cuales de 50 a 100 corresponden a la provincia de Málaga. Hoy, 1 de diciembre, es el día dedicado a la lucha contra esta infección. La percepción del peligro que antaño conllevaba la infección se ha diluido como una pastilla efervescente hasta pasar a convertirse en algo crónico y espeso. Los avances de la medicina han servido para que ahora sea extraño que un paciente muera de sida en el primer mundo, pero también para bajar la guardia sobre su peligro.

Uno de los grandes problemas a los que todavía se enfrentan los portadores de este virus que se contagia mediante el amor es el estigma social que aún supone ser seropositivo. El VIH aquí no mata tanto como antes pero su concepción como una patología oscura y merecida sigue latente en nuestra sociedad. No hay ninguna otra enfermedad que tenga semejante estigma; jamás ninguna otra ha llevado la culpa ligada adherida a ella e incluso en nuestro mundo todavía se producen casos de discriminación que hacen que esta sea la única enfermedad de la que recomiendan guardar silencio. Hoy tenemos otra oportunidad para concienciar a la sociedad de que cualquiera de nosotros ha podido contagiarse de VIH en algún momento de su vida. Esta macabra lotería no entiende de condición sexual, de patria, contexto, costumbre o religión.

El asunto fundamental de este virus ha pasado a ser un asunto relacionado con el dinero. Así de triste. Si un seropositivo vive en un país desarrollado y dispone de un servicio sanitario público y eficiente como en España, o si bien se puede permitir sacarse de su bolsillo los varios miles de euros que cuesta el tratamiento al mes, la supervivencia a la enfermedad está casi asegurada. Sin embargo, para los pobres y para los habitantes del tercer mundo, donde el VIH sigue siendo una epidemia mortal y de primer orden, el virus sigue significando una sentencia de muerte definitiva. Los expertos en VIH coinciden en la necesidad de extender de una vez por todas en Europa la implantación de la medicación capaz de prevenir en más de un 80% las nuevas infecciones. La política de fomento de sensibilización frente al uso del preservativo ha demostrado ser insuficiente o, por lo menos, no con el suficiente éxito como para detener el virus. Son ya varios los países que han aprobado ya la implantación de un tratamiento preventivo (PrEP), pero que tiene un coste de unos 400 euros al mes por paciente que van a parar a la industria farmacéutica: la enfermedad es el negocio más rentable de la humanidad. En España las autoridades sanitarias oficiales no han aprobado todavía el tratamiento que puede acabar con buena parte de las infecciones de VIH por una cuestión que mezcla el dinero y la moralina. Ya va siendo hora de que nos quitemos esta máscara.

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