Un problema nacional

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

LA violencia contra la mujer se ha convertido en un problema nacional, confirma la encuesta del CIS el día que con Pilar de Guadix son ya cinco las mujeres asesinadas en un mes. Ahora hay casi un 5% de personas para las que el maltrato de mujeres es uno de los problemas de mayor alarma, como el paro, la corrupción política y el secesionismo catalán. Aún la preocupación sigue estando muy lejos de estos últimos, pero el salto respecto a otros barómetros solo meses antes es muy significativo. Hace un mes, cuando en España había ya 55 mujeres asesinadas por parejas, exparejas o depredadores sexuales, solo a un 1,8% de los encuestados les inquietaba lo que, en mi opinión, debe llamarse terrorismo machista. Porque es terrorífico.

Causa pena, no obstante, que solo haya un 4,6% de ciudadanos que sitúen el crimen machista como uno de los grandes problemas nacionales. Los analistas atribuyen el auge de preocupados al hallazgo del cadáver de Diana Quer confirmando su asesinato y a la campaña 'Me too' de las actrices norteamericanas contra el acoso sexual en Hollywood. Las encuestas del estudio demoscópico coincidieron con la repercusión mediática de ambos hechos.

Parece como si tantos años (más de 20, desde el asesinato de Ana Orantes) de denuncia, de campañas, de minutos de silencio, de protestas, de expresiones de rabia, de extensos reportajes por el goteo sin cesar de muertes y golpes a miles de mujeres hubieran caído en el saco roto de la indiferencia nacional hasta la irrupción de las chicas de Hollywood. Y eso da también mucha pena.

Vale que las estadísticas no solucionan los problemas. Llevamos una década con el paro como principal preocupación y ahí sigue de número uno. No porque estemos más alarmados por la violencia machista ésta va a desaparecer, pero sí es un indicador de que quizás alguna de esas campañas para que tomemos conciencia, no dejemos pasar ni una y no miremos a otro lado cuando se trata de otra han servido para algo. Aquí rindo homenaje a la trabajadora de un supermercado que contribuyó a la detención de un acosador de sus clientas con una valentía poco común y cuya historia nos desveló esta semana pasada la periodista Ángela Cañal.

Quizás esta mujer anónima y valiente lo hizo influida por las actrices de Hollywood. Por eso voy a alegrarme de la campaña 'Me too', como del coraje de la jueza Rosemarie Aquilina en el juicio contra el médico acosador de deportistas Larry Nassar. Bienvenidos sea en estos casos el poder de influencia de los norteamericanos. Y qué chasco que nuestro cine, que tanto bebe del americano, no hubiera ampliado a la violencia machista su proclama de abanicos rojos feministas en la gala de los Goya. Cortitos.

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