PROBLEMA 'ESPACIAL'

Esto de invadir sucede también en una práctica que abomino y que consiste en cerrar los balcones y las terrazas para aumentar la superficie habitable

NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

EN la calle más fea de Marbella, con diferencia, trabaja un esforzado empresario -pequeña empresa- que desde un local ínfimo se gana honradamente la vida. Tiene un grave problema que pronto compartiremos todos, si no lo hacemos ya: el espacio. Porque, si bien hemos pensado que es prácticamente ilimitado, está probando no serlo. Como decía alguien, anterior, claro, al movimiento &ldquome too&rdquo, no seremos machos pero somos muchos. Muchos y mal repartidos. Pensando en términos macro, la población del mundo se duplicó durante el siglo XIX -pasó de menos de mil millones a menos de dos mil- casi se ha cuadruplicado en los últimos cien años y amenaza con seguir aumentando. Estamos mal repartidos y se crece más por Africa y por América mientras Europa va asumiendo cada vez más su imagen de museo y residencia de la tercera edad. Dentro del país, también hay desigualdades. Mientras en Soria, por ejemplo, hay pueblos deshabitados o sólo custodiados por una pareja de abuelos que no tienen donde irse, Madrid explosiona y hasta Barcelona se puebla cada vez más, no de sociedades ni de bancos precisamente, pero sí de criaturas que vienen al mundo o cruzan el Mediterráneo y venden bolsos en las calles. En una televisión de las abiertas proyectaron hace poco El Cid, una película de don Samuel con un Heston que por entonces no se apoyaba en los muros y una señora que sigue igual de estupenda a pesar del medio siglo. El tratamiento que propina a la historia es abominable. Me habría gustado oír los comentarios de don Ramón que de esto sabía una &ldquojartá&rdquo y que, a pesar del disgusto que debe haberle provocado la superproducción la sobrevivió ampliamente, gracias a Dios. Alentado por el Campeador, me puse a investigar sobre Vivar, donde nunca he estado, y he comprobado para mi asombro que tiene menos habitantes que en la época heroica: hoy no pasan de cuatrocientos. ¡Qué gustazo! Claro que, hospital no hay, ni universidad, ni siquiera una facultad de derecho. Unas cuantas estatuas, placas conmemorativas y un cementerio. Tenemos hoy tantas necesidades que no hay más remedio que juntarnos para satisfacerlas.

Bueno, a lo que iba. A mi hombre no le cabe su producto dentro del local y, también por razones comerciales, lo saca a la calle. Le sirve como escaparate porque la entrada de la tienda es tan estrecha que si lo instalase se quedaría o dentro o fuera porque ocuparía todo el modesto frontis. Así que ha decidido dejarlo abierto e impedir el paso indiscriminado con la mercadería. Cuando recién se instaló, la colocaba por doquier y, a veces, sólo a veces, no se podía transitar por la acera miserable de la que dispone la denostada vía. Alguien debe haberle sugerido o impuesto que se retranquease un poco y lo ha hecho colocando unos artilugios de madera colmados de productos, muy apetitosos, por cierto. Con vocación de permanencia los elementos allí instalados no son precisamente decorativos pero peor se estaba antes. A la vuelta de la esquina está la competencia. Otro comerciante se dedica a la misma actividad. Y si se avanza cien metros en dirección a la capital encuentras a otro industrioso minorista que ése sí que utiliza sin recato la vereda que enfrenta su establecimiento. Pero, como es ancha y generosa, por mucho que se esfuerce en poblarla de cajas, cajones, embalajes plásticos y de cartón no le alcanza el presupuesto.

Esto de invadir sucede también en una práctica que abomino y que consiste en cerrar los balcones y las terrazas para aumentar la superficie habitable. La pregunta evidente es que si se necesitaban más ambientes por qué no se adquirió algo más grande. Debe ser por lo de manía de fijar los precios en función de los metros cuadrados. Teóricamente, las fachadas de los edificios deberían guardar una mínima compostura. La imaginación de los propietarios atenta contra la pretendida uniformidad y el resultado es de pena. Me han consultado mil veces sobre las medidas que ofrece la ley para evitar esos atentados -no siempre de la misma gravedad porque hay algunos que antes de la ampliación son horrorosos de nacimiento- o para volver a poner las cosas en su lugar. Generalmente no gusta lo que digo y se deja hacer.

Como dice mi santa, el espacio es un lujo.

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