Con prisa y sin pausa

Pilar Martínez
PILAR MARTÍNEZMálaga

Hay cuestiones en las que no se puede esperar a que truene para acordarse de Santa Bárbara, y la ampliación del aeropuerto de Málaga es una de ellas. El despegue de la infraestructura actual comenzó en 2004 con el Plan Málaga, un proyecto que lo preparó para un tope técnico de 27 millones de pasajeros y una capacidad máxima de 30 millones. Unas cifras que suponían más que doblar la actividad de aquellos momentos y que daban a la Costa del Sol la mayor vía de crecimiento del turismo y entrar en una nueva dimensión que le ha llevado a lograr los registros históricos actuales. Las actuaciones fueron dotadas de plazos y presupuesto garantizando, como así fue, su ejecución. Y aunque durante años parecía una obra faraónica, el tiempo pone las cosas en su sitio y la velocidad de crucero alcanzada en los últimos años no es flor de un día. Basta con apuntar que crecen las aerolíneas que apuestan por este destino, que abren nuevas rutas y que las consolidan. Amén de la apertura a mercados hasta hace unos años impensables como Oriente Próximo que abren desde Málaga a Andalucía la puerta del suculento negocio del turismo asiático. El aeropuerto de Málaga es una instalación moderna, con una oferta comercial con la que se coloca a la cabeza en gasto por pasajero, y que causa la mejor de las impresiones en el primer contacto con el destino y un buen recuerdo en la despedida de las vacaciones. Algo que no sólo el sector turístico, sino el conjunto de Málaga y de Andalucía, puede permitirse el lujo de cambie, si no es para mejor. Y para ello, habría que tener ya claro qué se va a hacer para seguir duplicando, como se hizo en su momento, la capacidad de movimientos en esta infraestructura. Se trata de actuaciones de envergadura en las que sólo en los estudios y trámites se esfumarán los años que le faltan a estas instalaciones para alcanzar su tope, de seguir el ritmo actual. Y a partir de ahí, cualquier obra requerirá de largos plazos e importantes inversiones. La situación obliga a ir con prisa y sin pausa.

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