Para presumir

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

E s una semana, desde luego, para sacar pecho, pues el orgullo 'malaguita' puede más que la razón, aunque la lógica no se mueva por los parámetros que llegan a considerarse normales en determinadas situaciones. Si Benito Gómez vuelve a poner a Ronda en la élite de la gastronomía mundial con su estrella Michelin a Bardal, la selección española de baloncesto sigue tirando del talento local para conformar el cuerpo técnico que debe llevar al equipo nacional al próximo Mundial.

Lo del reconocimiento a Benito Gómez y a Ronda tocan la fibra más sensible, como lo contaba Marina Martínez, que lo vivió en primera persona en la gala celebrada en Tenerife el miércoles: «El mismo espacio que ocupara el antiguo Trababuches devuelve a la Ciudad del Tajo el 'brillo' que ostentara durante casi una década desde que Dani García y Sergio López la consiguieran al frente de sus fogones», escribía la compañera, que hacía hincapié en el protagonismo de Málaga durante la cita. Esta nueva estrella para la provincia viene a confirmar la pujanza que este sector ha establecido en un mundo limitado pero de inmenso prestigio. Enhorabuena al debutante y a los numerosos que mantienen su buena estrella.

En cuanto al deporte, la última victoria del Málaga ya dejó un buen sabor de boca en los aficionados, que alumbran una recuperación incipiente que puede dar sus frutos a medio plazo. Y ahora el baloncesto viene a premiar a gente como Enrique Salinas, Paco Aurioles o Carlos Salas, que ayudan a Sergio Scariolo en su labor de superar una de las mayores dificultades a las que se ha enfrentado la selección en el último cuarto de siglo, como es la clasificación para un Mundial sin contar con los mejores jugadores por culpa de la guerra entre la FIBA y la Euroliga, con la NBA de por medio. De no mediar esa lucha sinsentido entre organismos que solo perjudica a los jugadores y al propio espectáculo estaríamos hablaríamos de que Ángel Sánchez Cañete o Alberto Díaz serían también comensales de esa mesa que ha alimentado el éxito continuo gracias una generación única.

Aunque no siempre se consigue, hay días en los que hay que presumir de lo nuestro, y si no vayan hoy a las siete de la tarde a calle Larios y verán cuanta luz desprende esta ciudad, y no solo por el encendido del alumbrado navideño, sino por la felicidad que desprenden sus gentes por vivir en un lugar lo más parecido al paraíso.

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