Postales desde Andalucía

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

El señor Wrinkel recibe en su casa de Mastalascañas una carta de su hermana desde Bonn. (Entre que sale el Gordo y se analizan con lupa los escrutinios de las urnas catalanas, os cuelo una pequeña y bonita historia muy adecuada para entrar en el ambiente de Navidad, respirar un poco y asomar a los otros mundos, que también existen).

Es una carta, lo cual ya resulta sorprendente en tiempos de emails y Whatsapp, pero aún más raro es que contiene un recorte de periódico, de papel. Es un artículo de uno de los principales diarios de la antigua capital federal alemana, el General Anzeiger, titulado 'Postales desde Andalucía'.

Va ilustrado por una especie de sucesión de tarjetas con la bandera blancayverde, en color y con escudo y todo, en el espacio superior. El señor Wrinkel y su hermana conservan la antigua costumbre de leer periódicos y recortar los textos que le parecen que merecen la pena. Incluso se los envían uno a otro, que también ya resulta arcano.

Se trata de un curioso caso. Una señora que ha viajado a nuestro Sur profundo para hacer turismo envía tres tarjetas postales a otros tantos amigos de su ciudad. En cada uno de ellos coloca el nombre y la dirección, como es usual, pero en la última se le olvida poner las señas. Echa las cartas a un buzón y aquí paz y después gloria.

Pero en lo que se puede llamar el 'triaje' de Correos, el lugar de distribución de las cartas dentro de las oficinas postales, un funcionario se da cuenta de que hay una tarjeta sin dirección. Advierte que hay en el montón otras dos, que están escritas con la misma letra. De modo que se molesta en tomar una de ellas, meterla en un sobre y enviarla a la dirección señalada en ésta, junto con la postal sin dirección y con una nota, escrita en inglés, en la que cuenta lo sucedido y pide ayuda para que la postal llegue al tercer destinatario, según me traduce mi colega Catrina. El artículo pone de relieve lo extraordinario del caso y sugiere su intención de localizar al cartero que, por cierto, es de Cádiz.

En fin, y moraleja, resulta que por una vez la bandera de Andalucía se asocia, en un gran medio de comunicación alemán, a rigor y eficacia, para que no se diga. Cualquiera puede, desde su más o menos diminuto lugar, salvar la imagen de su tierra. Muchos se encargan ya de destrozarla, por sí solos o por intereses inconfesables. Desde la experiencia propia, y de cualquiera que quiera hacer un ejercicio de ecuanimidad, no hay menos profesionalidad aquí que en alguna otra parte. Pero seguimos teniendo pendiente la tarea de sacudirnos complejos y reivindicarnos. Alguien nos ha comido la moral pero, y hay ejemplos cercanos, tampoco eran tan estupendos como ellos mismos se creían.

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