Populares en apuros

El sitio de mi recreo

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

La mentira escribe donde la verdad guarda silencio. Ocupa el lugar que no merece y aparenta la seguridad que no posee. Donde ella ejerce su poder, las personas estamos en apuros. Los poderosos han sido tentados siempre por la mentira.

La política en demasiadas ocasiones ha acogido a la mentira sin disimulo, convirtiéndola en indispensable en su discurso. Las personas sufrimos ante la verdad descarnada, pero casi siempre somos derrotados por la mentira pétrea. En estos tiempos comprobamos que el ejercicio del poder político no sólo hace a las personas egoístas y celosas, también las hace ser excluyentes, fundamentalmente con los propios. La carrera de un político al uso se ha convertido en una competición con los suyos para llegar en solitario a la meta. En este ambiente es imposible que crezca la confianza necesaria para que un partido político se convierta en un proyecto común para hacer avanzar a una sociedad. Para que este tipo de político siga creciendo entre nosotros necesita el invernadero de unos medios de comunicación hipotecados y en deuda con el poder. El periodismo a sueldo, la propaganda sin alma, abrazó la causa de la posverdad con la ética del avaro, la fe del tibio y la hipocresía del cínico.

En estos días de abril, del mes que me robaron, el fuego amigo se ha apoderado del Partido Popular, que asiste sin rubor a la desestabilización de dos de sus líderes más reconocibles, como son Cristina Cifuentes y Pablo Casado. Los pecados mortales de la política madrileña son los de enfrentarse con pasión a sus adversarios políticos, y no pactar con las miserias de los propios, encontrando gran aprobación entre su electorado que la reconoce como una líder con futuro. Por sus pecados veniales, su vanidad curricular, están forzándola a dimitir. Sólo tiene una alternativa valiente: disolver la asamblea madrileña y convocar elecciones. Ya lo hizo Esperanza Aguirre, y los ciudadanos la apoyaron. En ese contexto, que le diga alguien en su partido que ella no puede ser la candidata.

Pablo Casado es el futuro del Partido Popular, el refugio de los liberales, y por tanto es un objetivo para los propios y los extraños. Si quiere ser alguna vez presidente del Gobierno, deberá abandonar la ejecutiva actual, y convertirse en la alternativa dentro del partido, sabiendo como se las gastan en él. La semana que viene de nuevo volverán todas las mismas terminales mediáticas a insistir en sus debilidades con las filtraciones interesadas de sus compañeros. Por razones diferentes, el futuro del Partido Popular está en sus manos en estos momentos: o el valor y la verdad, o la dimisión y el olvido.

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