La rotonda

Pólvora de San Lorenzo

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

No deja de llamar la atención lo fácil que es en Málaga establecer comparaciones odiosas, también llamadas agravios comparativos, entre circunstancias similares, según quienes sean los protagonistas de cada historia. Pongamos por caso las cofradías y sus (nuestros, porque me incluyo en la parte que me toca del Viernes Santo) recorridos procesionales en la ya próxima Semana Santa. El primer escollo surgió hace un mes, cuando se vio que el retraso en las obras del metro en la Alameda Principal -motivado en buena parte por el deber de conservación de los restos arqueológicos del castillo de San Lorenzo- obligaba a buscar soluciones.

La Consejería de Fomento planteó en un primer momento un cambio del itinerario, de manera que en vez de dar la curva en el extremo más próximo al puente de Tetuán, los tronos podrían seguir rectos desde la calle Ordóñez, para entrar en la avenida un poco más abajo. Sólo había que negociar con la Junta unas pequeñas compensaciones a la Agrupación, por la pérdida de los ingresos del alquiler de esa parte de las sillas y tribunas; y hacer algunas reformas para acondicionar el nuevo tramo. Poco más. El caso es que a las cofradías la idea no les gustó mucho y rápidamente los gestores autonómicos, que huyen de un conflicto con los hermanos mayores como un gato del agua, se plegaron a acondicionar de forma provisional el paso de los tronos por donde siempre. Esta medida supone más tiempo, por tener que volver a cerrar el tajo para reabrirlo después. Y más dinero. Pero es lo que hay, y además ya está hecho.

El caso es que la semana pasada se supo que hasta once procesiones también lo van a tener complicado para cruzar por la calle Tejón y Rodríguez, en este caso, por las obras privadas de un edificio, donde están haciendo el aparcamiento subterráneo. Algunas hermandades -no todas, pero sí las más concurridas- ya han decidido cambiar el itinerario, para evitar que alguien pueda pegar un capirotazo en el precipicio, que quedará a pocos centímetros del trono. Aunque es evidente que el simbolismo de uno y otro sitio no es el mismo, lo cierto es que tampoco ha pasado nada.

No puedo evitar preguntarme qué habría pasado si hubiera sido al revés, y la obra privada hubiera estorbado la entrada de los tronos en la Alameda. ¿Habrían mandado a la constructora a tapar el boquete durante una semana y volver a destaparlo luego? Todos, ustedes y yo, sabemos que no, sino que se habría cambiado el itinerario, y santas pascuas. Claro que siempre es más fácil cuando se trata de tirar con la pólvora del rey, con los antiguos cañones del fuerte de San Lorenzo...

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