Poetas andaluces. Diciembre

«Entre la noche y la aurora/se resiste la copla a ser vencida»

JESÚS NIETO JURADO

Qué cantan los poetas. Los poetas andaluces. Los poetas andaluces de antes y de ahora. Por qué será diciembre el mes más cruel. Por qué por estas fechas, por estas vísperas a los días en blanco, vamos quedándonos tan solos. Porque los muertos se quedan solos, qué solos, más solos cuando ya no los espera ninguna mesa ni ninguna lumbre en el anochecer del 24. Quizá el calendario haya elegido diciembre para que Andalucía llore para la eternidad a sus cantores: de Carlos Cano a Juan de Loxa, que se nos fue la pasada semana dejando el panorama frío, como el viento racheado de nieve escondida que te acompaña desde los montes de Loja hasta la Vega de Granada. Allá donde no es sólo el espíritu de Federico quien agita los chopos que vigilan el regato -secreto- sobre el que chapotean los suspiros. Juan de Loxa no sólo fue creador multidisciplinar, como van cantando las necrológicas sentidas y de urgencia. De Loxa fue la poesía en todos sus veneros: del papel a la radio pasando por el manifiesto. Mas sí, que diciembre es mes de responso por los poetas de esta Andalucía de poetas. De esta Andalucía trágica que se puede ignorar pero nunca olvidar. También un 17 de diciembre se fue Carlos Cano con un corazón tan blanco a buscar los ritmos negros que había en ese cielo que tanto se le parecía a Granada, al malecón y a Cádiz. Se nos van poetas, héroes de la biblioteca y el escritorio que han acometido desde siempre esa tarea tan monetariamente ingrata como la de cantar y contar los sentires de un pueblo universal. Lo ha dicho Felipe Alcaraz: Granada se queda más sola sin Juan de Loxa, que fue el heterodoxo que mejor entendió a Lorca.

Por su labor de crisol ganamos para la inmortalidad al propio Carlos Cano y a Joaquín Sabina: aquellos días en que Granada-aquí al lado- fue Nueva York con zambra y duende. Y sí, diciembre es el mes en que peor se lleva la pérdida de los mejores. Ahora se queda el frío preñado de ecos y los campanilleros tañen a duelo por la muerte del poeta. Vivir consiste en coleccionar duelos más o menos líricos por poetas en tránsito y en oposiciones hacia la eternidad. Ahí queda su obra, ácida y profética y genuinamente granatí entre el poema y el teatro, la copla y la verdad: «Entre la noche y la aurora/se resiste la copla a ser vencida/ y de portal a esquina/remira sus ojeras en un culo de vaso./En jarras, los muchachos, sobre los tronos de escayola».

A la Nochebuena habrá que pedirle más lectores, más cantores de los que nos vamos quedando menguados. Que no se nos vaya a anclar la orfandad de versos en el alma: porque por ahí entra el olvido con sus fríos decembrinos y el ser humano queda reducido meramente a física, química y maldad.

D. E. P. Juan de Loxa, que nos trajo a Lorca de la selva del olvido. Eran los 70.

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