El poder mágico de la palabra

Dios crea y el hombre recrea. Pero el hablante es quien diversifica el lenguaje. Lo podemos comprobar en el poema babilónico de la creación. Lo vemos en palabras de origen onomatopéyico, como 'tambalearse'

Según las creencias populares, la palabra tiene un poder mágico, el de convocar lo que se ha nombrado. Dice el refrán castellano 'mentando Roma/ por la puerta asoma'. Es decir, parecido al Génesis cuando Dios creaba y nombraba las nubes, el hombre dice 'nube' y la hace presente. Dios crea y el hombre recrea. Pero el hablante es quien diversifica el lenguaje. Lo podemos comprobar en el poema babilónico de la creación. Lo vemos en palabras de origen onomatopéyico, como 'tambalearse'; el hablante ve al hombre ir de un lado a otro a punto de caerse y crea 'se tambalea', de forma simbólica a como el badajo de la campana se mece de un lado a otro. Pero el oyente no piensa ya en la campana sino en la sensación de movimiento; de ahí el poder mágico, simbólico de la palabra.

La misma palabra 'palabra' tiene que ver con la antigua forma 'parábola', según dice Emilio Montero, un recurso lingüístico surgido para evitar la confusión 'verbo' y 'Dios' del latín tardío en la época cristiana primitiva. De esa manera en vez de 'verbo' se dijo 'palabra', y no hay que confundir con lo de «el Verbo se hizo carne». En este caso no una creación ni recreación, sino encarnación.

Hoy día dices 'corrupción' y se caga todo el mundo. O sale corriendo más de uno. Pero se piensa casi siempre en dinero, cuando la hay en las influencias, en los comportamientos, en el ejercicio del mando, en las intenciones de las personas, en la selección de las personas, en la aceptación de la sociedad, en las cúpulas del poder, en el poder de la clase.

Otra palabra mágica es 'conservador'. Recuerdo que Guerra llamaba a los de UCD 'conservadores' para cabrearlos. Otros conmilitones suyos los llamaban 'franquistas', y se cabreaban más. El colmo era cuando un cualquiera los llamaba 'fachas'; entonces saltaban chispas. En la reyerta consiguiente saltaban las palabras 'rojos', 'comunistas'. De eso podría hablar hoy Serrat.

El nombre de los delitos: prevaricación, falsedad documental, cohecho, extorsión, suplantación de la identidad, estafa, sedición, malversación... justifica la acusación y da verosimilitud al enjuiciamiento. No son palabras, son gotas malayas que caen sobre el investigado y que provocan el hundimiento de la moral y la resignación a la sentencia. La persona pasa por grados: 'investigado', 'imputado', juzgado', sentenciado', 'encarcelado'.

'Purga' suena a regímenes comunistas. Pero aparece en esta España nuestra. Por ejemplo, creo que el joven Errejón, la amamantadora Bescansa, el tachín Fachín y sus seguidores han sido purgados. El diccionario ya recoge esa acepción de eliminar a los seguidores de alguien por motivos políticos. Recuerdo mi infancia, cuando mi madre me daba aceite ricino como purga de estómagos saturados. Existe la 'purga de Fernando' que desde la botica iba obrando.

Cuando hay un problema social importante, peleas entre gitanos, entre rumanos en Granada, entre sudacas en Madrid, aparece la palabra mágica 'ajuste de cuentas' y la sociedad se tranquiliza, piensa que no va con ella, con los suyos, con los normales. Piensa en los marginales y respira, y lanza un ah de tranquilidad.

Se ha acudido a la palabra 'acoso', procedente del lenguaje taurino, para cristalizar la idea de molestar a una persona. Y ha tenido diversas aplicaciones, como 'laboral', 'psicológico', 'sexual', 'cibernético'. Estamos, como se ve, ante delitos nuevos. Aunque no tan nuevos: el productor de Hollywood, Weinstein, llevaba cuarenta años pasando por la piedra a las vedetes; y ya en la Edad Media se inventó el 'derecho de pernada'.

Existe un 'abusador' o 'abusón', pero no un 'abusado'. Cuestiones sintácticas entorpecen el entendimiento de esta frase. Si yo abuso de un menor, el menor no es abusado por mí. El verbo abusar es intransitivo. Digo en gramática; en derecho es otra cosa.

Con esto de Piqué ha renacido el efecto mágico de la palabra 'valor'. Hasta ahora los políticos recientes hablaban de 'poner en valor' alguna cosa, un castillo, un palacio abandonado, un pósito antiguo, un edificio duplicado, algo inútil a lo que se le quiere dar una utilidad ficticia. En el sector educativo los buenos pedagogos hablan de la 'educación en valores', lo que antes era 'ideario religioso'. Ahora con Piqué resulta que el 'valor' independentismo, identidad, trascendencia es algo noble frente a otros, merengues, que utilizan su visibilidad para el negocio, el poder, la amenaza y la corrupción.

En el mundo de la empresa se acude a palabras ennoblecedoras como 'grupo inmobiliario', 'cadena hotelera LZ', 'centro comercial', 'evento', 'área de servicio', 'zona vip','cultura sostenible'...

La palabra 'terrorismo', al menos en España, pone los pelos de punta. Pero El Assad se aprovecha de su imantación para excusar sus posturas. El mismo Maduro, cuando está en apuros, dice 'terrorismo' y se queda tan pancho. Las feministas ante el problema trágico de las mujeres asesinadas por sus maridos enseguida dicen 'terrorismo sexual'; una cosa es una cosa y otra otra cosa.

Y ya cuando los verdes hablan de 'terrorismo ambiental' o el ministro de 'terrorismo incendiario' es un punto de exaltación. A estos últimos con llamarlos 'criminales' acertamos.

Dicen los periodistas que la palabra 'suicidio' no se debe escribir en el periódico, porque incita a suicidarse. No lo sé. Hay pueblos donde aparece con frecuencia algún ahorcado, se dice que por beber del agua de una fuente. Lo del suicidio lo puedo atestiguar también en mi departamento universitario. Por otro lado, la palabra 'cáncer' debe sustituirse por 'una larga enfermedad'. Y hay que poner la edad del fallecido porque no hay muerte que achaque no tenga. Cosas de los periódicos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos