Guadalquiviria

No podemos mirar a otro lado

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

Si nos atenemos a la política de gestos, está bien, lo que ha hecho Pedro Sánchez es otro golpe de efecto más. Como Zapatero sacó las tropas españolas de Iraq -era una promesa electoral-, Sánchez también ha sorprendido con una decisión de calado internacional después de no parar de dejarnos boquiabiertos con otras de consumo nacional desde la moción a Rajoy. El presidente ha roto el silencio vergonzante de los mandatarios europeos para anunciar que acogerá a los pasajeros del barco 'Aquarius'. Las 629 personas salvadas por las ONG de una muerte segura en el Mediterráneo tras salir de Libia tienen ya un puerto al que atracar: Valencia. Hay que recordar que entre ellas hay 123 menores de edad no acompañados, 11 niños pequeños y siete mujeres embarazadas.

Este último apunte resulta imprescindible para calificar de abominable la posición de perfil, una vez más, de las autoridades europeas. Ese lavarse las manos no tiene excusa alguna en una civilización como la nuestra de democracias occidentales asentadas sobre los derechos humanos. Italia les cierra las puertas y el ministro xenófobo Matteo Salvini canta «victoria» porque España ha decidido abrir las suyas al barco salvador.

Qué paradoja y qué tristeza produce la Italia que fue cuna de la Europa común. En la Roma de los filósofos y senadores se firmó en 1950 el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades. Ahora empieza a recordar peligrosamente a lo que fue con el terrible Mussolini. Como si la historia nunca enseñara.

Y esto también va por otros países. Mientras el barco con nombre de bebida refrescante viajaba sin rumbo y casi sin víveres, los potentados europeos velaban armas a cuenta de los aranceles para batirse con otro insolidario y nada caballeroso Donald Trump. El poderoso caballero es don dinero antes que nada. Entre la bolsa o la vida, la bolsa. Bruselas de nuevo se encoge de hombros.

Ante ese desatino en que está cayendo el sueño de la Europa común, sale Pedro 'el echao p'alante' y proclama: Me los quedo. Yo aplaudo el gesto, pero lo que no debe es quedarse en un gesto. Lo que está ocurriendo en las fronteras de la migración necesita de una acción urgente y duradera. Andalucía sabe mucho de eso porque cada día llegan a nuestras costas decenas de personas en pateras desde la vecina Marruecos. No basta con dejarles atracar y menos con hacinarlos en centros de acogida poco acogedores, como se demostró con la cárcel de Archidona. Sánchez debe ahora convencer a Europa de no mirar a otro lado cuando hay personas en peligro de morir en nuestro Mediterráno y de una política de cooperación con África y Asia. Solo así demostrará que brilla con luz propia en el liderazgo internacional y no se trata solo de una estrella fugaz en el firmamento de una noche de casi verano.

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