Pocas soluciones

La sociedad responde con enfado la impericia de los políticos y se posiciona en los extremos, a sabiendas que esa fórmula no es sino un castigo a quienes han defraudado sus esperanzas

ABOGANDO NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

DICEN por ahí que el futuro es «incierto» cuando lo pintan malísimo. Los populismos, la inmigración masiva, el terrorismo determinan situaciones problemáticas para las que los políticos no ven salida. Sólo parches. Recientemente, he estado en una reunión donde participaron personajes de los más importantes de la Unión Europea. Todos los que hablaron, muchos, estaban de acuerdo en cuáles eran las principales dificultades con las que nos encontrábamos pero nadie, nadie, apuntó la más mínima idea para buscar un camino.

Los populismos ofrecen atractivas ideas. Hay que reconocerlo. Poco realizables sí. Sueldos mínimos -olvidando que alguien tiene que pagarlos- impuestos sólo para los ricos -sin pensar que la riqueza es errante y que si se la molesta demasiado, se marcha a otros sitios más propicios- erradicación de la corrupción -sin tomar en cuenta que el que se ve revestido de más poder que educación tiene muchas oportunidades de dejarse seducir por los atractivos colaterales. A pesar de eso, existe el riesgo que terminen gobernando porque la sociedad responde con enfado la impericia de los políticos y se posiciona en los extremos, a sabiendas que esa fórmula no es sino un castigo a quienes han defraudado sus esperanzas.

Europa está pagando los platos rotos. Tiene una deuda con el mundo porque durante varios siglos, tan pronto como descubrió que se extendía más allá del estrecho de Gibraltar y que lo que había contado Marco Polo era verdad, se dedicó a esquilmar el terreno conquistado. Cierto es que compartió su cultura, sus idiomas y su religión pero el balance fue claramente negativo para aquellas regiones que aportaron sus riquezas, sus tesoros y su mano de obra mientras perdían sus propios valores y su forma de vida. El proceso de asimilación, en aquellos lugares donde se intentó, no se completó y cuando se está mal allí, allende los mares, esto es, todos los días, los pobres dan el paso y el salto a las fronteras de lo que para ellos es el cielo. Aquí tratamos, más o menos de asimilarlos, aunque algunos no se dejan, y nos consolamos pensando que, tarde o temprano, serán cotizantes de la seguridad social y paliarán el envejecimiento de la población y el descenso de la natalidad. Son centenares los que llegan, en muy malas condiciones, dependiendo de lo que se les quiera dar, sin recursos, sin documentos, estafados por los suyos que les han prometido el oro y el moro -sin segundas intenciones, por favor- y los han abandonado a la mitad del camino. La solidaridad, el nombre progre de la caridad, aparece en escena y muchos, fundamentalmente instituciones, se ofrecen para ayudar. Particulares pocos, no conozco a nadie, cierto es que hay mucha gente que no he visto en mi vida, que haya acogido en su casa a un harca o, por lo menos a una familia completa. Nuestro Colegio de Abogados no ha quedado impasible frente al lamentable fenómeno y ha organizado un servicio de asistencia jurídica.

Del terrorismo es mejor no hablar.

Otros problemas nos están acosando también. La situación política en Estados Unidos es inestable y genera incertidumbre económica y financiera. El exótico Presidente de esa nación nos desconcierta con sus actitudes y no parece ser la persona más indicada para enfrentarse contra el fulano ese del país del paralelo 38. Dentro, la economía no funciona bien, existe precariedad laboral y los salarios no son suficientes para mantener el nivel de vida, bajan las prestaciones sociales, la distribución de la riqueza es cada vez más injusta ya que la brecha ha aumentado brutalmente desde la crisis que ha empobrecido a las clases menos favorecidas mientras que las autoridades han enriquecido infinitamente a quienes ya eran millonarios. La diferencia de salarios entre los mejor pagados y el sueldo medio es de 331 veces más. Es cierto que ha aumentado la riqueza pero no ha sido seguida de un incremente de renta disponible.

Mientras en Marbella disfrutamos del sol no debemos olvidarnos del efecto mariposa.

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