Los plazos y las mentiras de la torre del puerto

Repaso semanal

Aunque parezca que el proyecto se aprobará enseguida, pasará un mínimo de cinco años desde que se ideó hasta que empiece a construirse

Javier Recio
JAVIER RECIOMálaga

Hay quien parece pensar que cinco años (en el mejor de los casos) es un plazo muy corto para que se pueda colocar la primera piedra del hotel del puerto. Aunque no se sabe muy bien si algún día perderá su categoría de ‘nasciturus’, debido a la gente que quiere abortarlo. Para algunos es un drama que la Delegación de Medio Ambiente de la Junta no haya acordado ir por un plazo más largo para cumplimentar un trámite (un simple trámite no ya sobre el edificio sino del terreno), pese a que se ha podido hacer en un tiempo más breve. Querrán hacer creer que si el plazo es más largo se encontrarán más argumentos y aliados para frenar este proyecto. Como si no estuviera claro ya quién está a favor y quién está en contra, exceptuando a esos equidistantes a los que no les gusta mojarse o que dicen blanco o negro según quien sea su interlocutor. Hay muchos que tienen como vocación frustrada haber sido agente doble. No hay que sorprenderse ni ofenderse porque haya gente a la que no le guste la torre del puerto. Pero tampoco hay que hacerlo con los que lo apoyan. Apoyamos. En este asunto da la sensación de que los que se oponen esgrimen una especie de supremacía moral con respecto a los que ven con buenos ojos el proyecto a tenor de lo que espurrean. Quizá sea porque se enfrentan a una iniciativa que está amparada por las administraciones: el Ayuntamiento, la Junta y el Puerto. Y eso siempre queda muy cool y es lo facilón. Si uno se deja llevar por lo que se publica o el ruido de las redes se podría caer en el error de que hay un clamor contra la torre. Y nada más alejado de la realidad. Esto sigue siendo una democracia que se rige por un sistema representativo basado en las mayorías, en el que los ciudadanos han elegido a una serie de señores para que decidan en estas instituciones. Si PP, PSOE, Ciudadanos están de acuerdo en que haya una torre, lo lógico es que la haya siempre y cuando se cumpla la ley. Es así de sencillo. Hay una aplastante mayoría, amén de otros colectivos sociales. Por supuesto que Ahora Málaga y Málaga para la Gente pueden oponerse, como otros personajes o asociaciones de la ciudad. Faltaría más. Aunque se dan situaciones curiosas. Algún día habría que estudiar un raro fenómeno que se da en Málaga, que no es otro que el de los arquitectos a los que no les gusta que se construya. Algunos de ellos, muy activos en redes sociales, se les conoce más por sus críticas a proyectos de sus compañeros que por sus propias obras. Aunque quizá si se analizara a fondo esta cuestión se podría colegir que no les gusta que se construya… si lo hace un arquitecto determinado o si no lo firman ellos. También los hay muy contradictorios o difíciles de entender, ya que defienden como gran modernidad las torres de Playamar, que están a a pie de playa, y recelan de la torre del puerto. Allá cada cual, aunque lo que no se debe es mentir. Y se está haciendo. Es indigno insinuar e incluso acusar de que las opiniones favorables a la torre del puerto estén compradas por el grupo catarí. Lo lógico es pensar que quienes dicen esto funcionan así, que tienen unos principios que como diría Groucho Marx estarían dispuestos a cambiarlos a cambio de unos euros. Pero no lo haré. No hay ninguna prueba de ello y sería una irresponsabilidad tildar de ello a nadie. Eso es de 1.º de Periodismo. Tampoco se debe mentir con los montajes que se están haciendo sobre el impacto que tendrían sobre el paisaje. No se sabe muy bien de dónde se han sacado la escala aplicada. Da risa. Sobre este particular habría que invitar a los detractores que echaran un vistazo a las fotos antiguas que hay del puerto. Se puede observar que la ciudad le ha ido ganando espacio al mar, que llegaba a lo que hoy es la calle Cortina del Muelle. El parque y el propio recinto portuario se consiguieron así. Con las teorías de los ‘paisajistas’ estas zonas de la capital no existirían. Está claro que se alteró el paisaje. O las vistas, para ser más exactos. Como va a ocurrir ahora. Y no hay que esconderse ni avergonzarse de ello. Si se busca un hito debe ser así. Ahí está el ejemplo del hotel vela del puerto de Barcelona. Es más, creo que el proyecto de José Seguí se queda algo corto. Debería ser más espectacular e impactante.

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