La playa

CITA EN EL SUR

Las playas no son para los domingos. Hace calor y mucha gracia, demasiada

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

En Málaga no nos refrescábamos ayer con los 21º de Donostia (parece el apodo fácil de un cura rotundo) pero tampoco nos achicharrábamos con los 33 de la noche toledana. Aun así hace calor y cuando sopla el terral esto parece Venus, el planeta gemelo de la Tierra que habitamos y sufrimos. Es gemelo en cuanto a tamaño, pero los 450º de los montes de Venus multiplican por 10 los de la estepa sevillana. El domingo había terral en Málaga y el calor era saudí, al que había que añadir las caravanas (¡y los camellos, en los festivales de música!). Desde la DGT nos aconsejan cómo combatir esos 30 kilómetros de caravana: quedándonos un rato más en la playa y abandonándola escalonadamente. La playa en España (en Italia no es así) es un parque gratuito con una extensión de agua que regula la temperatura. El mar es un desierto formado por moléculas imposibles de sujetar con la mano, un mundo que se nos va aunque siga rodeándonos, que no nos permite andar sobre él (a Casi Ninguno) pero en el que flotamos, total, un lío. Otra forma más fea pero no menos real es definir la playa como un estercolero doméstico. Para extraer una muestra del ADN de Julio Iglesias (su nombre refleja el color veraniego de su piel) un detective se desplazó hasta Miami y hurgó en el cubo de basura que se deposita los jueves. Para conseguir la de muchos de nuestros conciudadanos bastaría recoger los restos dejados en la playa.

A un quinceañero con cuerpo de delantero de rugby que lanzó una lata del refresco a unos matorrales le pregunté si no había visto esa papelera de ahí, hombre, y me dijo que sí sin recogerla y tuve que dar gracias de que además no me metiera en el cubo de basura. Tal vez no convendría arriesgarse a luchar contra la desvergüenza. Un ruido de motor me hizo buscar en el cielo al helicóptero de la policía, que vendría a defenderme, pero era la avioneta con el delicado anuncio 'Cómeme to er higo'. Un rato antes había pasado la del club 'New Scándalo, porque tú te lo mereces'. Es una alegría ir a la playa los domingos. El terreno está abonado para 'Torrente 16'.

Dicen que en Barcelona hay bastantes menos banderas que hace unos meses, pero sigo prefiriendo la playa, donde sólo hay una y no siempre es la misma. Roja, amarilla y... ¡verde! Algunos bañistas no terminan de comprender el significado de la bandera roja. En una playa de Francia en la que ondeaba la bandera roja murió el viernes una mujer. Trataba de ayudar a dos niños que creerían que el rojo es el emblema del valor. Se trataba de la filósofa Anne Dufourmantelle, autora de 'Elogio del riesgo' y 'La mujer y el sacrificio'. Defensora de la intervención hasta el sacrificio ante situaciones límite. Se tiró al agua para intentar sacar a dos niños intrépidos y murió. ¿Se imaginan una avioneta anunciando 'Je suis Anne Dufourmantelle'? Sería bonito, pero sin pizca de gracia. Como cantaba Alarma, «estoy ardiendo y siento frío».

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