Pintado de negro

La Cabalgata debe estar diseñada pensando siempre en el mayor disfrute de los niños

PEDRO MORENO BRENES

Escribo estas líneas cuando muchos estarán abriendo regalos y disfrutando en especial con los que reciben los más pequeños; esto me sirve para recordar que, en el plano humano, si tengo que resaltar el mejor momento de mi etapa de concejal en la querida ciudad de Málaga, sin duda alguna diría que fue la tarde-noche del 5 de enero de 2010. Era el 'figurante' de Baltasar en esa maravillosa representación de la Cabalgata de los Reyes Magos. La costumbre en Málaga es que hagan de reyes magos un representante de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa, un periodista y un miembro de la corporación municipal, y en calidad de tal, pasé uno de los momentos más felices de mi vida. Jamás olvidaré a esos niños y niñas con los ojos como platos con solo hablarles, darles la mano o fijar la mirada en ellos, aunque fuera desde lejos, sin olvidar a los padres a los que se les caía la baba con el momento tan mágico que estaban pasando sus hijos. Las terribles agujetas al día siguiente, después de lanzar al respetable a brazo tendido miles de caramelos, también las recuerdo, y no con agrado precisamente.

Como soy una persona blanca, y la tradición dicta que Baltasar era negro, tuvieron que pintarme. Lo viví en aquel momento con toda naturalidad, la misma con la que veo que este año una persona negra disfrutara de tal honor en ese papel. Plantear un trasfondo de racismo en un maquillaje es poner problemas donde no los hay. La Cabalgata de los Reyes Magos de Oriente es una tradición que en España arranca en el siglo XIX y que a estas alturas está plenamente arraigada y genera ingentes momentos de felicidad entre los niños; eso es lo importante, más allá de que se refiera a los 'magos' (hombres sabios en el Antiguo Oriente) qué según el Evangelio de S. Mateo, acuden a rendir homenaje y entregar regalos al recién nacido Jesús de Nazaret. Que eran tres, que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, y que este último era negro, son añadidos incorporados a lo largo de los siglos posteriores y plenamente integrados a esta tradición, susceptible de evolución como es natural, pero en la que, en mi opinión, hay que salvaguardar que siempre esté diseñada pensando en el mayor disfrute de los niños.

La vida es agridulce, y no es posible hablar de Málaga y su cabalgata sin recordar a Miguel, nuestro pequeño paisano que murió una tarde de reyes dejando unos juguetes sin destinatario. Además, los niños son futuros adultos a los que hay que inculcar valores morales, y entre ellos, la bondad y la solidaridad con los que lo pasan peor; un poema sirve para ello, y bien expresivo es el final de 'Las desiertas abarcas', del gran Miguel Hernández: «Por el cinco de enero / de la majada mía / mi calzado cabrero / a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas / hallaban en sus puertas / mis abarcas heladas, / mis abarcas desiertas.»

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