Pilar

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

La otra noche, pensando en esta página en blanco que cada viernes ruboriza los sentimientos al desnudarlos con la prosa que guía mi vida, me cercioré de que Pilar es un nombre importante en mi vida, pues son muchas las mujeres que apaciguan mi alma y alimentan mi espíritu. Incluyendo a la persona con la que recorro el camino de la felicidad a diario, pues fui afortunado al encontrarla en uno de los vericuetos de la adolescencia. Oteo mi pasado y avisto el encanto de ese nombre que constantemente viene y va; recorro mi presente y alrededor revolotean algunas de las que me hacen muy fácil el trabajo. Si de mi pueblo se trata, también hay una Pilar especialmente afable que tiene en el concepto de amistad un arte admirable. Nunca había caído en lo que ese nombre significa en mi vida. Incluso profesionalmente una de las mayores alegrías que compartí con los lectores de SUR fue en Zaragoza, donde la Virgen con ese nombre arrastra tanta devoción. Me impactó su pequeña talla y la fe tan inquebrantable que despierta en los maños, y no sólo en los aragoneses. Al menos una vez en la vida hay que adentrarse en la Basílica Nuestra Señora del Pilar para contemplar la historia en forma de belleza.

Desde luego, si soy periodista se lo debo a Pilar, una compañera que me ayudó a dar el último empujón para terminar la carrera cuando en el último curso apenas podía compaginar mis primeras prácticas en el primer periódico deportivo de este país con los estudios, los trabajos y los exámenes. Yo, a diferencia de algunos que ahora están de actualidad, sí me acuerdo de las clases, de los profesores, de lo que me costó aprobar en esas circunstancias y del sacrificio ingente que realizaron mis padres para costearme la carrera en Madrid y obtener con orgullo un título que era el visado hacia el futuro. 30 años después sigo ejerciendo esta profesión tan maravillosa que nos permite descubrir las miserias del ser humano como estamos viendo últimamente de forma tan soez.

Desde luego, creo que soy mejor persona después de haber tratado a tantas mujeres llamadas Pilar. No me equivoco si digo que todas ellas encierran bonhomía. Como una de ellas está especialmente en un momento delicado de salud he decidido recordarla con estas palabras remojadas en cariño para alentarla a superarse como ha hecho otras tantas veces. Te repondrás pronto y seguiremos hablando de política -¡vaya momento has elegido para alejarte de ella!, ¡cuánto acierto!-. Nos queda un buen trecho que recorrer aún. No lo olvides.

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