Calle ancha

CON LOS PIES EN LA TIERRA

Es necesario que el puerto cuente con un sistema permanente de dragado que garantice el calado suficiente

FRANCISCO MOYANO

Posiblemente la ciudadanía de Marbella (el «conjunto de los ciudadanos», como diría un político) no es totalmente consciente de la importancia que el mar ha tenido y tiene para la ciudad. La leyenda romántica en torno a nuestros orígenes como potencia turística ha gustado tradicionalmente de difundir una falsedad histórica: la de que Marbella fue en algún momento un pueblecito o aldea de pescadores que un buen día es descubierto por unos visionarios que lo transforman en emporio turístico. Nunca fue así, aunque debe situarse en su justo lugar la importancia que, desde tiempo inmemorial, ha tenido el sector pesquero que supo evolucionar desde los tradicionales sardinales a la actual flota dotada de todos los medios técnicos. Pero sin duda el mar se encuentra en el centro de nuestro principal sostén económico: el turismo. Aunque sea una evidencia que no disponemos de las mejores playas del mundo, ni aún de nuestro entorno más o menos cercano, también es cierto que buen número de los visitantes que recibimos vienen buscando en gran medida la playa, de ahí la importancia de mantener un deseable estado de excelencia, cada vez más difícil por la falta de soluciones definitivas a la sistemática destrucción del litoral por los temporales mes sí y al otro también. No hay duda de que la falta de arena es una de las principales preocupaciones de colectivos ciudadanos y de la propia administración local, sin que nadie disponga de la varita mágica, especialmente si no se traduce en partidas presupuestarias suficientes y en creación de la infraestructura adecuada. Una certificación necesaria y de prestigio es la concesión de las banderas azules; Marbella contaba con seis de estas distinciones, pero este año se ha quedado fuera la playa de El Cable, de forma que las enseñas ondearán en el Puerto Deportivo Virgen del Carmen, Guadalmina, Casablanca, El Faro y Artola (Cabopino). De recogerlas se encargo hace unos días, en el Puerto de Santa María, el concejal Manuel Cardeña. En Marbella, tras la festividad de San Bernabé, ya podemos decir que ha llegado el verano, con buenas perspectivas de afluencia turística, aunque con la lógica preocupación de que patronal y centrales sindicales sean incapaces de llegar a un acuerdo y termine llevándose a cabo la huelga anunciada. No es momento de entrar en análisis, pero seguramente los trabajadores deben tener razones de peso para llegar a medidas tan drásticas cuando comprueban que la tan publicitada recuperación económica no se traduce en contrapartidas salariales y que un elevado porcentaje del empleo es precario, siendo «privilegiados» actualmente los que logran ser mileuristas. Tampoco parece resultar infrecuente que las jornadas laborales se prolonguen más allá de lo razonable sin que tenga un reflejo económico para el trabajador. Parece que los estragos en tiempo de crisis se «democratizan», de forma que los recortes y el estrechamiento de cinturón se reparte entre todos, mientras que los resultados positivos en tiempos de recuperación acostumbran a permanecer en un solo lado de la balanza. Esperemos que la salida no tarde en llegar. Pero se vive en los últimos meses un problema que afecta de lleno a unas doscientas familias de Marbella que viven directamente del mar gracias a la pesca; el estado, calificado como lamentable por el patrón mayor de la Cofradía de Pescadores, Manuel Haro, que se traduce en una serie de deficiencias, siendo la principal la acumulación de arena en la bocana del Puerto Pesquero de la Bajadilla. El calado normal está en torno a los seis metros, pero en la actualidad apenas se cuenta con dos metros de profundidad, de forma que la mayoría de barcos no pueden entrar o salir. Esto ha dado lugar a que determinados barcos tengan que refugiarse en otros puertos y vender allí su mercancía. Es necesario que el puerto cuente con un sistema permanente de dragado que garantice el calado suficiente. La competencia la tiene la Junta de Andalucía mediante el organismo Agencia de Puertos de Andalucía. El sector pesquero de Marbella se muestra muy preocupado y se siente abandonado por la administración. Prácticamente desde la inauguración del puerto a mitad de los años cincuenta del pasado siglo, surgieron los problemas por el aterramiento de la bocana. Para solucionar el problema, en 1963 el ingeniero director del Grupo de Puertos Cádiz-Málaga, Juan Antonio Guerrero Fernández, redactó un 'Proyecto de terminación de las obras de abrigo del Puerto de Marbella'. Actualmente la intervención es urgente y para ello conviene tener los pies en la tierra.

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