El piano de amigos de la música

FRANCISCO MOYANO

La Asociación Amigos de la Música, de Marbella, es posiblemente, después de la Sociedad Recreativa y Cultural Casino de Marbella, la institución privada, de índole cultural, más antigua de la ciudad. Se ha mantenido ininterrumpidamente desde el mes de octubre de 1970, cuando comenzó su andadura con un concierto ofrecido en el Instituto Nacional de Bachillerato, en la entonces denominada calle Finlandia, antecedente del actual IES Sierra Blanca, y soporte físico ahora del IES Río Verde. El 23 de octubre de 2020 cumplirá cincuenta años; medio siglo que ha supuesto un auténtico privilegio para Marbella con la posibilidad de haber disfrutado de la maestría de grandes nombres de la música como Nicanor Zabaleta, Moura Lympany, Alicia de la Rocha, Joaquín Achúcarro o Daniel Baremboim. Naturalmente Arthur Rubinstein, seguramente el más importante pianista del siglo XX, quien tuvo casa en Marbella y participó de la vida social de la ciudad en los años setenta, siendo el primer presidente de honor de la Asociación Amigos de la Música, desde su creación hasta el fallecimiento del músico en 1982. Posteriormente ese puesto sería para Plácido Domingo que se mantiene en la actualidad. La iniciativa para crear una entidad de estas características partió de Fernando Sánchez y pronto encontró el apoyo y la complicidad de otras personas que eran conscientes de la necesidad de ir creando en Marbella un ámbito cultural del que carecía; entre ellas se encontraban Antonio Lizarza Iturrarte, que había sido alcalde, y quien ocupaba el cargo en aquel momento, Francisco Cantos Gallardo. Casi cincuenta años después, bajo la presidencia de Yolanda Galeras, Amigos de la Música sigue gozando de buena salud, sin que jamás haya contado con ninguna subvención pública, saliendo adelante con las aportaciones de los socios y las donaciones puntuales de mecenas, en ocasiones desde el anonimato. Pero existe la excepción (que confirma la regla) de una ayuda pública proveniente del Ayuntamiento. No habían transcurrido aún cuatro años desde su puesta en marcha, cuando Amigos de la Música planteó al Ayuntamiento la compra de un piano de cola. La petición fue llevada a sesión plenaria por el alcalde Cantos Gallardo en el mes de febrero de 1974. Se planteó la adquisición de un piano Stenway de gran cola y se aprobó por considerarse necesario para garantizar la prestigiosa labor llevada a cabo por la Asociación y que redundaba en el beneficio de Marbella. Se acordó adquirir directamente de la casa Hazen Distribuidora de Pianos S.A., de Madrid, un piano de gran cola de la marca Stenway & Son, modelo D-274, con las dimensiones de 157 centímetros de ancho y 274 centímetros de largo de cola. El precio ascendió a un millón doscientas setenta y dos mil seiscientas ochenta y dos pesetas y cuarenta céntimos. A la entrega del piano se abonó cuatrocientas veintiséis mil setecientas veinte pesetas y treinta céntimos y el resto en nueve mensualidades de noventa y tres mil novecientas noventa y seis pesetas y noventa céntimos. El Ayuntamiento entregó el instrumento a la Asociación de Amigos de la Música, con el compromiso de «encargarse de su vigilancia y su conservación» y encargándose el concejal de cultura (que era José Manuel Vallés) de la supervisión. El piano siempre sería propiedad del Ayuntamiento. Desafortunadamente se encontraba en uno de los salones del hotel Meliá Don Pepe, cuando el establecimiento sufrió un aparatoso incendió que lo dañó gravemente. La desaparición supuso la difusión de más de una leyenda urbana carente de veracidad. A lo largo de casi cinco décadas todos los instrumentos y la música vocal han tenido protagonismo en la programación, pero se ha mimado especialmente el repertorio para piano. Uno de los grandes acontecimientos fue el concierto de Daniel Baremboim, teniendo como escenario una de las salas del desaparecido complejo cinematográfico Oasis y en el que, una parte del público, se situó rodeando al pianista. La actual realidad de Amigos de la Música es un ejemplo de triunfo de voluntad y de la fidelidad de los socios, entre los que se encuentran los protectores, que hacen posible cada temporada una atractiva y coherente programación. Medio siglo después, la Asociación Amigos de la Música sigue representando un punto de encuentro internacional de quienes viven la música casi como un estilo de vida.

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