Personal en ataque

Siete clubes de baloncesto base y balonmano ven peligrar su actividad por las denuncias

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

En algunas comunidades suizas es tal el silencio que una amiga me contó que la comunidad de vecinos donde vivía la amonestó por tirar de la cisterna de madrugada. Es muy desagradable el uso de la cisterna tan tarde, con lo bien que se está en la cama. Al levantarse de noche al baño corre uno el peligro de desvelarse y que después no funcione ni contar vacas suizas para conciliar de nuevo el sueño. Lo ideal sería dejar de beber a las tres de la tarde, para no generar líquido. Aquí es complicado porque aguantar sin beber un día de terral provocaría sequedad bucal y ya luego la muerte. De todas formas, el acelerón de las motos abajo en la calle ahoga el ruido de la cisterna. Si aun así has conseguido dormirte te queda la prueba del camión de basura y sus dentelladas metálicas y la de los simpáticos conciudadanos que vuelven de juerga y desean compartir a voces su alegría. Siempre hay un perro poco mordedor y un coche tuneado escupiendo reguetón a todo volumen, un bar ambientado en la esquina, una feria, una banda ensayando, la parpadeante luz verde de una farmacia entrando en un salón, la sirena de un camión de bomberos y justo después la de la ambulancia que hemos llamado nosotros por la rotura de tímpanos. Por eso sorprende que las denuncias de algunos vecinos hayan supuesto la quinta falta personal al baloncesto base malagueño, que ha pedido tiempo muerto para gestionar la derrota: ya han llegado las primeras multas de doce mil euros por el ruido.

En el cantón de Málaga los clubes de baloncesto han tirado de la cisterna de madrugada y el desagüe se los llevará. Nuestros clubes son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir. Ante esto se podría empezar por un ejercicio de autocrítica, algo que nos suele costar pero resulta sano. ¿Se puede entrenar sin hacer tanto ruido, al menos a partir de las nueve de la noche? ¿Se podría pedir a los entrenadores chillones (hay muchos) que cuando jueguen un domingo a las nueve de la mañana controlen su pasión insana? Pedir a la afición que no use trompetas ni tambores. Entender que el foco de un campo de fútbol emite una luminosidad desagradable en un cercano hogar a las once de la noche, lo molesto de las maldiciones que cruzan la noche. Una vez entendido y tratado de evitar en la medida de lo posible, ya está. Nuestros barrios no son ninguna pradera, y todos somos mejores si nuestros adolescentes pasan la tarde haciendo deporte y los fines de semana jugando deportivamente con un entrenador que los anime sin gritarles constantemente los errores (algunos hay). Un muchacho que tiene un partido el domingo a las nueve difícilmente se irá de botellón el sábado por la noche. Se le exigirá saber trabajar en equipo y respetar al contrario, llevar una vida sana. El deporte es una educación silenciosa, hasta ahora. Vamos a jugar tratando de hacer menos ruido. Vamos a dormir poniéndonos unos tapones suizos. Demos alas al deporte base, ala. Las denuncias han sido una personal en ataque.

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