Con permiso del chupatintas

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Nieva en Málaga, y uno, que es de natural optimista, no puede menos que ver el embalse medio lleno. Caen los copos desde Los Montes hasta la misma playa de Fuengirola, y ya lo dice el refranero. Será año de bienes, aunque siempre habrá algunos empeñados en echarle buenos puñados de sal al manto, hasta que se haga barro y se puedan restregar a gusto. Este será el año de la conclusión, si quiera del principio del fin de la polémica sobre los Baños del Carmen. La concesión, que se dio en precario y por un siglo, que ya se sabe que no es nada, caducará el último día de julio. Lo escribió, casi por las mismas fechas, un clarividente Benito Pérez Galdós: «Tendremos que esperar como mínimo cien años más para que en este tiempo, si hay mucha suerte, nazcan personas más sabias y menos chorizos de los que tenemos actualmente». Veremos si la Administración permite una solución negociada, rápida y de sentido común. O será un poco más de lo de siempre. Barro.

Se equivocó el maestro sólo en el plazo de la profecía. Tal y como recoge en 'La Fe Nacional y otros Escritos sobre España' (1912): «Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. (...) No harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos...»

El papeleo, espeso como las nieves de este enero, es la peor amenaza para el desarrollo. El presidente de los empresarios andaluces, Javier González de Lara; y el arquitecto Salvador Moreno Peralta coincidieron recientemente en la advertencia, en estas mismas páginas y en similar sentido. El chupatintas es el ogro de las inversiones. Aún siendo legales, los proyectos, más si cabe los inmobiliarios, se tienen que enfrentar a una maraña de permisos y licencias interminables, por parte de tres o más administraciones, que espantan incluso a los promotores más pertinaces. Sólo desde la óptica de una Administración sobredimensionada e inoperante se explica que, casi seis meses después de cerrarse el plazo, las máquinas no hayan vuelto todavía al tajo en la avenida de Andalucía. La Junta con el metro se lo toma 'des-pa-cito', como en la manida canción de Fonsi. Permanece indolente ante la imagen vergonzante para el turista, ante el carajal de tráfico permanente para el autóctono, con unas obras interminables que hay que soportar año tras año desde el 2009. Muy cerca de allí, el edificio de Correos se alza moribundo e inmóvil, como un tótem a este sistema ineficaz y fallido.

Les deseo un feliz año de nieves, con permiso del chupatintas.

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