Los 'periolistos'

Lo que no se les ocurre pensar es el ejercicio de reflexión que un periodista tiene que hacer antes de publicar algo

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Creía zanjado el asunto del maestro liendre y sus secuaces, que me tiene entretenido el verano. Ya me disponía a hablarles este domingo de cualquier otra cosa de la actualidad malacitana, sus taxistas y sus borrachos de feria, cuando se ha cruzado el atentado de Barcelona (jo tampoc tinc por). Al hilo, ha rebrotado con fuerza una forma de maestroliendrismo altamente extendida, aunque en esta ocasión los terroristas se lo han puesto a huevo. Se trata de los 'periolistos', aficionados al periodismo, reporteros de barra fija o, directamente, informadores frustrados.

Dentro de este grupo caben dos subcategorías: la de los proactivos y la de los inquisidores. Los primeros han tenido su minuto de oro con el ataque, que estaba hecho en las Ramblas precisamente para eso: para que las imágenes llegaran al mayor número de móviles de turistas de todo el mundo. Estaban extasiados, grabando y volcando directamente a las redes sociales fotos, vídeos, testimonios y hasta un gato asustado que pasaba por allí. Sin ningún tipo de control, ni filtro, ni reflexión mínima sobre si esas imágenes podían ser contraproducentes para la investigación, o si le estaban haciendo el caldo gordo a los atacantes. Nada, ancha es Castilla (y estrechas las castellanas), que en este país hay libertad de expresión y yo grabo (y lo que es peor, emito), lo que me da la real gana.

Lo que no se les ocurre pensar a ninguno de estos reporteros más dicharacheros, a lo rana Gustavo de Barrio Sésamo, es el ejercicio de reflexión (cada vez más rápido y estresante, precisamente, por la demanda de Internet y de las redes) que un periodista de los de verdad tiene que hacer antes de contar, emitir o escribir algo que, bien no sea cierto, o bien pueda entorpecer la labor policial; en una balanza permanente entre la responsabilidad social y el deber profesional de informar. Pues todo esto los del móvil y el perfil en redes ni lo huelen.

La segunda categoría es la de los inquisidores. Estos por lo general no están de acuerdo con lo que los medios informan. En este caso, les parecía demasiado duro, que puede herir sensibilidades y a las víctimas. Si por ellos fuera, la portada de SUR del día después habría llevado a página completa una foto de un gatito con ojos llorosos, un lazo negro y un titular que dijera: «En Barcelona ha pasado una cosa muy mala y muy fea». ¡¿Con 13 muertos y más de cien heridos!? Venga ya.

A los periodistas siempre se les puede decir lo que tienen que hacer y decir; lo que pueden y no pueden publicar, cuando decirlo y hasta el tono, que para eso la información es libre y se deben a la sociedad y tal y cual. Por las mismas, espero que al médico también le digan que el tratamiento para una neumonía son pastillas Juanola, chupadas con moderación; al ingeniero, que a la estructura para ese viaducto le falta una poquita de hormigón armado, que se le ve enclenque; al abogado, que le recomiende a su patrocinado que se declare culpable, que total en la cárcel tampoco se está tan mal. Y al policía, que los terroristas de Barcelona tampoco eran tan malos, como para tener que pegarle cuatro tiros.

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