LA PERCEPCIÓN DE LA FUGACIDAD

FRANCISCO MOYANO

Sobre el tiempo y su transcurso no existe un solo tratado; hay muchos y más que definiciones o disquisiciones de carácter filosófico, a la ciudadanía común nos interesa emplearlo bien, a conciencia y con vientos favorables. Juega un papel significativo cómo lo percibimos; a menudo nos embarga la sensación, no exenta de atisbos de ansiedad, de que no tenemos tiempo para nada. El periodo que hemos vivido en la última semana puede ser un escenario propicio para la reflexión, desde una perspectiva espiritual para quienes poseen el don de la fe (hay quien más literariamente habla de bálsamo) o desde la más estricta consideración de lo bien que viene para la salud unos días de vacaciones. El disfrute masivo de jornadas de asueto supone la tabla de salvación laboral para muchos otros. En Marbella, como ciudad que vive del turismo sin ningún género de alternativa, el paso del tiempo se nos antoja de una fugacidad pasmosa. Hace nada (en pura percepción, claro) estábamos hablando de la afluencia de los meses de verano y ya nos encontramos especulando sobre cómo se presenta la casi inmediata temporada veraniega. En Marbella la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, incluidos los que militan en el partido de igual denominación (que aspiran a sentarse en la casa grande de la plaza de los Naranjos), además de ser expertos en análisis futbolístico (como toda España), dominan con aparente maestría la disección de coyunturas económicas y sociales que explican el comportamiento de nuestro mercado turístico local. El gremio del taxi en Marbella es de una pluralidad extraordinaria: hace unos meses subí con uno de ellos que llevaba un ejemplar de 'Más allá del bien del mal', otro de 'Genealogía de la Moral' y un tercero de 'El Anticristo', todos estos títulos obras del filósofo Friedrich Nietzsche; me preguntó qué opinaba sobre el autor y resultó un trayecto muy ameno; me aseguró que ya había terminado con las obras de Kierkegaard. En esta Semana Santa, otro abnegado conductor de taxi, ante la pregunta de si se notaba afluencia de público, me realizó un amplio análisis sobre el perfil del turista que actualmente nos visita, asegurando que el turismo nacional de poder adquisitivo medio se encuentra desaparecido y que ello ha sido debido a la crisis y a las decisiones políticas adoptadas. Ciertamente se puede aprender mucho de los taxistas de Marbella y lo digo con toda seriedad y convencimiento. Por eso de la percepción fugaz, todavía con la imagen fresca de las inmensas colas de personas en las paradas de taxi, al estilo almodovariano de estar al borde de un ataque de nervios, ya nos preparamos para volver a vivir escenas semejantes; durante casi todo el año tenemos la sensación de que sobran taxis y durante dos meses exclusivamente parecen faltar, propiciando procesos de desesperación colectiva. Debe ser que como entre verano y verano el tiempo es tan escaso nunca da suficiente para conseguir soluciones. Y como el tiempo vuela en avión rápido y la precampaña para las próximas municipales ya está llegando ('coming soon', como las películas), algunos futuros candidatos, convencidos de que obtendrán representación, ya piensan en abandonar cargos para no incurrir en incompatibilidades. También en política no falta quien lleva un cántaro sobre la cabeza con el peligro de que se le rompa. Algunos asuntos, que parecían parte del pasado, regresan a primer plano como el 'caso PGOU', archivado por el juez instructor y reabierto por la Audiencia Provincial en tiempo de Pasión y cuando la Alcaldesa Ángeles Muñoz se encontraba viviendo intensamente la Semana Santa: ha asistido a todas las procesiones, lo que no deja de ser una penitencia, aunque no posea significado jurídico. Puede que comience otro 'vía crucis' que no se encamina a ningún 'gólgota' sino a las próximas elecciones de 2019. Parece una tarea imposible que tengamos un periodo electoral sin casos judiciales en el escenario y como contamos con una justicia de tan lento proceder y, desde la percepción ciudadana al menos, tampoco resultando un prodigio de coordinación, da tiempo para que un mismo caso se prolongue a lo largo de más de un mandato. Algo así no deja de ser nocivo porque necesitamos vivir en transparencia política, con seguridad jurídica y no en la continua sospecha. Se generaliza la sensación de hartazgo.

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